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06/06/2018

No todo relato es un relato de storytelling

Muchos alumnos, cuando les pido que me pongan un ejemplo de relato de storytelling contestan, sin dudarlo, con una película, una serie de televisión, una novela… Casi ninguno de esos productos de entretenimiento y de expansión intelectual son un relato de storytelling propiamente dicho. Son un relato, sí, pero no de storytelling.

Un relato de storytelling no es solo una historia, sino, más bien, una historia que tiene una intención más allá de su propio contenido. No es una historia normal, finita en sí misma, y sin pretender mayor trascendencia que unas buenas cifras de ingresos.

El relato de storytelling tiene una finalidad que trasciende el propio hecho narrativo. Y esa finalidad, nos guste más o nos guste menos, suele tener una consecuencia económica. Antes o después, directa o indirectamente, grande o pequeña, concreta o difusa, pero casi siempre conduce a una consecuencia económica que fluye en el sentido contrario en el que fluyó el relato, es decir, del receptor al emisor.

Esta estrecha relación entre el storytelling y el dinero no es, en sí misma, ni mala ni buena. El storytelling es, simplemente, una forma más de transmitir un mensaje, una idea, una ideología, unos valores, un sentimiento… Y todo ello con la idea de ganar adeptos, clientes, seguidores, fieles, votantes, apoyos, colaboradores, socios, etc.

Puede que estés pensando en que una película, una serie de TV o una novela también buscan clientes, lectores. Sin ninguna duda, así es. Pero esos productos de entretenimiento son (en una inmensa mayoría) un fin en sí mismos.

Lo que diferencia a estos productos de entretenimiento y expansión intelectual de un relato de storytelling, es que este último tiene la intención de endulzar, atenuar, dulcificar o sintetizar una idea más compleja que, al natural, puede ser más difícil de entender, asimilar o asumir y que suele ser la puerta de un hecho económico.

Sin embargo, no todos los relatos de storytelling tienen una intención económica.

Hace poco, pregunté a un alumno cuál era su relato de storytelling favorito. Llegó a la conclusión, y con bastate entusiasmo, de que su relato favorito era el de Newton y la manzana. Argumentaba que aquella historia no se produjo como la mayoría de la gente tenemos por buena. A Newton no le cayó encima ninguna manzana (no, al menos, en aquella ocasión) que le hiciera reflexionar sobre la fuerza de la gravedad. Sí que vio una manzana caer, y vio otras. Pero en lo que reparó fue en que siempre caían en línea recta, lo que le llevó a pensar que existía una relación muy estrecha y muy fuerte entre los dos cuerpos: la manzana y la Tierra.

El relato de la manzana sobre su cabeza sintetiza, empaqueta y simplifica una realidad que, contada al natural, probablemente, ofrecería más preguntas que respuestas y tendría un recorrido más corto, una difusión más pobre y débil. Pero ese no es su punto más fuerte. Su mayor cualidad es que, de una manera más simpática y, por tanto, más fácil de recordar, empaqueta una realidad en un formato mucho más fácil de transmitir, comprender y retransmitir. Y todo ello con el resultado de que ese inocente cuento se hizo un hueco entre las verdades más sólidas.

Decía antes que casi ningún producto audiovisual y casi ningún relato literario tienen un fin oculto, una verdad subyacente que disfrazar, edulcorar o sintetizar. Algunos hay, obviamente, que se crean con una intención que trasciende el fin del entretenimiento y de la expansión cultural e intelectual. Esos productos forman parte de macrorrelatos que son prácticamente imperceptibles para quien los mira o los lee. Pero no por falta de capacidad de quien los recibe, sino porque su foco de atención no está en esa cuestión, sino en la de entretenerse y realizar esa expansión cultural prometida. Y esa distracción es precisamente lo que hace que el relato, en tanto que storytelling, funcione, consiga sus objetivos.

Pondré un ejemplo de esos productos audiovisuales que sí que podrían formar parte de un relato o de un macrorrelato de storytelling. Si estás mirando una película de Hollywood en la que puedes escuchar como un ruido de fondo compuesto por expresiones como “seguridad nacional”, “soy americano y tengo mis derechos”, “este es un país libre” y otras por el estilo; estás delante de un producto audiovisual que forma parte de un macrorrelato de la marca Estados Unidos.

Puede que estés pensando «Dijiste que casi ningún producto audiovisual es un relato de storytelling y que…» Vale, lo reconozco, en el caso de los productos de Hollywood, conceptos como los que mencionaba antes están muy presentes. Pero ¿a que casi te convenzo de que muchas de esas películas y series no son un relato de storytelling? Trabajo perdido, pues de eso ya te convencieron ellos.

Uno de los pilares sobre los que se basa ese convencimiento, ese engaño, es el efecto llamado suspensión de la incredulidad

Y si quieres saber mucho más sobre storytelling, te recomiendo que sigas el curso de Business storytelling en el que te cuento sin magia cómo contar cuentos con magia.

 

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Autor

Víctor J. SanzTutor de creación de contenidos
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