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Cuánto dinero pierde tu empresa cuando sus clientes no entienden sus documentos

El Libro rojo de Cálamo y Cran

A veces, tanto las personas y las empresas no somos capaces de detectar que la solución está delante de nuestras narices. La (buena) redacción suele darse por hecho. La mayor parte delas personas escriben prácticamente como salieron de secundaria y no ha vuelto a reciclarse. Creemos que no lo necesitamos. Podemos invertir miles de euros en formaciones  muy técnicas e innovadoras, en tecnología… Sin embargo, dejamos de lado un problema bastante más sencillo: que sus clientes no entienden lo que les comunican. Contratos, pólizas, condiciones de servicio, formularios o correos electrónicos poco claros generan dudas, consultas, reclamaciones y pérdida de confianza.

La falta de comprensión también tiene un coste económico. Y suele ser más alto de lo que parece.

Aunque no haya informes que reflejen el coste de la mala comunicación, existen y se acumulan día a día en forma de consultas evitables, reclamaciones, tiempo improductivo y clientes que se van. Medir ese impacto es el primer paso para reducirlo mediante el lenguaje claro.


El coste de la mala comunicación 

Los famosos KPIs que miden las empresas se centran en las ventas, productividad, conversión o satisfacción. Pocas miden cuánto pierden porque las personas no entienden correctamente la información que reciben.

No suele existir una partida presupuestaria llamada «coste de la confusión». Tampoco una línea específica para contabilizar el tiempo invertido en aclarar documentos ambiguos o responder dudas recurrentes. Cada llamada evitable, cada correo que pide una aclaración, cada reunión dedicada a explicar un procedimiento, cada reclamación originada por una interpretación errónea… Todo ello consume recursos, tiempo, paciencia… Lo sabemos, detrás de cada llamada al servicio de atención al cliente para aclarar lo que dice un contrato, hay un manual confuso, un procedimiento mejorable, un trabajador insatisfecho, un cliente enfadado y, por supuesto, unos costes evitables.


Cuando un cliente pregunta, la empresa paga

La situación es habitual. Un cliente recibe un documento, lo lee y cree haberlo entendido. Después descubre que tenía dudas o que interpretó una parte de forma distinta a como esperaba la organización. Entonces llama, escribe o solicita ayuda.

Desde el punto de vista del cliente, es una consulta. Desde el punto de vista de la empresa, es tiempo: tiempo del equipo de atención, tiempo de supervisión, tiempo administrativo que deja de dedicarse a otras tareas. Una consulta aislada apenas tiene impacto. Miles de consultas similares a lo largo del año cuentan una historia diferente.

El sector de las aseguradoras lo ilustra perfectamente. Lo analizamos en detalle en nuestro artículo sobre por qué los clientes no entienden sus pólizas: la distancia entre lo que se escribe y lo que se comprende es, en ese sector, una de las principales fuentes de costes prescindibles.


El problema de las preguntas repetidas

En todas las empresas resuenan este tipo de preguntas. «¿Qué cubre exactamente esta póliza?» «¿Qué documentación tengo que aportar?» «¿Qué ocurre si no realizo este trámite?»

Cuando la misma duda aparece una y otra vez, el problema ya no está en las personas que preguntan sino en la información que reciben. Si cientos de clientes necesitan aclarar un mismo punto, es probable que ese punto no esté tan claro como parece. Ese diagnóstico sencillo es, en muchos proyectos, el punto de partida de una auditoría de documentación: identificar qué textos generan más fricción y por qué.


Las reclamaciones son más caras de lo que pensamos

Las consultas generan costes. Las reclamaciones generan costes todavía mayores: intervienen distintos departamentos, hay que analizar el caso, recopilar información, revisar documentación, responder formalmente y realizar seguimiento. Por no hablar del desgaste de la confianza y la pérdida de fidelización.

Un cliente que siente que no entendió correctamente una información puede cuestionar no solo un documento concreto, sino la relación global con la empresa. Por eso muchas reclamaciones empiezan mucho antes de la reclamación: en una frase confusa, en una condición poco clara, en una expectativa mal gestionada desde el primer documento.


El impacto en la experiencia de cliente

Las empresas invierten grandes esfuerzos en mejorar la experiencia de cliente: diseñan procesos, optimizan canales, reducen tiempos de respuesta, incorporan tecnología, departamentos dedicados expresamente a este fin. Y, a pesar de esto, muchas veces ni si quiera sabemos respondernos: ¿los clientes entienden lo que les estamos diciendo?

La experiencia de usuario no depende solo de la rapidez o la eficiencia. La comprensión es vital. Un cliente que entiende qué compra, qué firma o qué debe hacer experimenta menos fricción durante toda su relación con la organización. Y la fricción, como vemos en proyectos como el de comunicación clara en el sector asegurador, tiene un precio concreto y medible.


La falta de claridad también afecta a los equipos internos

Los costes de la comunicación confusa no se limitan a la relación con los clientes. Políticas internas difíciles de interpretar, procedimientos ambiguos, instrucciones que generan dudas: todo ello provoca pérdidas de eficiencia dentro de la propia empresa. Las personas dedican mucho tiempo a leer información que no saben interpretar bien, preguntar o confirmar información que debería ser comprensible desde el principio.

Cuando esto ocurre de forma recurrente, el problema deja de ser lingüístico y se convierte en una carga de productividad. La formación in-company en lenguaje claro actúa precisamente sobre esa raíz: cuando los equipos aprenden a escribir pensando en quién les va a leer, los procesos se agilizan y la dependencia de aclaraciones constantes disminuye.


Cómo estimar el coste de la falta de claridad

  • Número de consultas repetidas sobre los mismos documentos.
  • Tiempo medio dedicado a resolver dudas en atención al cliente.
  • Volumen de reclamaciones vinculadas a malentendidos.
  • Incidencias relacionadas con errores de interpretación en procesos.
  • Procesos que requieren aclaraciones frecuentes antes de completarse.
  • Tasas de abandono en trámites o contrataciones.

Analizados en conjunto, estos datos permiten identificar los puntos de mayor fricción y estimar el impacto económico real. La certificación ISO 24495 que obtuvimos en Cálamo & Cran responde precisamente a esa necesidad: contar con un marco profesional y auditable para trabajar la claridad de forma sistemática.


La pregunta más útil no es cuánto cuesta implantar lenguaje claro

Cuando una empresa empieza a plantearse trabajar la claridad de sus comunicaciones, suele aparecer una pregunta lógica: ¿cuánto cuesta implantar lenguaje claro? Es una pregunta razonable. Pero existe otra que casi siempre resulta más interesante: ¿cuánto cuesta no hacerlo?

La falta de claridad genera costes todos los días. Pequeños costes, en muchos casos. Invisibles, casi siempre. Pero constantes. Y los costes constantes tienen la costumbre de acumularse hasta que alguien decide mirarlos de frente.

En Cálamo & Cran llevamos más de 25 años ayudando a empresas e instituciones a reducir esa fricción: auditamos documentación, adaptamos textos a lenguaje claro y formamos a los equipos para que el cambio sea duradero. Si quieres saber por dónde empezar en tu organización, cuéntanos tu caso.

Si te parece, podemos ofrecerte una auditoría gratuita de un texto clave

PREGUNTAS FRECUENTES

No existe una fórmula única, pero los indicadores más útiles son el volumen de consultas repetidas, el tiempo dedicado a resolver dudas, el número de reclamaciones vinculadas a malentendidos y las tasas de abandono en procesos de contratación. Analizados antes y después de una intervención de lenguaje claro, permiten estimar el impacto con bastante precisión.

Los documentos con mayor impacto suelen ser los contratos y condiciones generales, las pólizas de seguro, las notificaciones y cartas a clientes, los formularios de contratación o alta y los procedimientos internos. Son los que más consultas generan y los que más se benefician de una revisión desde el punto de vista del lenguaje claro.

Sí, y es uno de los efectos más rápidos y medibles. Cuando los documentos clave se revisan y se adaptan a lenguaje claro, el volumen de consultas repetidas sobre esos documentos baja de forma consistente. En proyectos con empresas del sector financiero y asegurador hemos documentado reducciones significativas en las consultas al CAC relacionadas con dudas sobre contratos.

El punto de partida más eficaz es una auditoría de documentación: identificar qué textos generan más fricción, qué consultas se repiten con mayor frecuencia y dónde está el mayor riesgo de malentendido. A partir de ese diagnóstico, se puede diseñar una intervención proporcionada al tamaño y las necesidades de cada organización.

Depende del alcance. Cuando se interviene sobre los documentos con mayor volumen de consultas, los resultados en atención al cliente pueden apreciarse en uno o dos meses desde la publicación de los textos revisados. Las mejoras en eficiencia interna suelen percibirse de forma más gradual, especialmente cuando se combinan con formación de equipos.

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Patricia Gómez

Patricia Gómez

Directora de Marketing en Cálamo y Cran Licenciada en Traducción e Interpretación e Intérprete Jurado de lengua inglesa desde el año 2007
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