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11/12/2017

Los bichos raros de nuestra lengua

De todo hay en nuestro idioma, y por tanto no escasean las palabras que son como el ornitorrinco del castellano: extrañísimas. Yo he detectado algunas, pero seguro que hay muchas más.

  • «Abreviatura». ¿Por qué una palabra tan larga para designar justamente la reducción de un término? ¿Y qué pasa con «sesquipedalismo»? Este hexasílabo expresa justo lo contrario que el anterior y de lo que predica: la prolongación innecesaria de un término. Así, en lugar de «tema» escribimos «temática». O de «cumplir», «cumplimentar» (que significa otra cosa, por cierto).  Aquí entramos en el mundo de la mujer barbuda, porque la palabra «sesquipedalismo» se las trae. A mí me hace pensar en seis tíos con esquíes pedaleando en su bicicleta. Aunque lo cierto es que procede de «sesquipedal», la voz de origen latino que designa lo que mide pie y medio de largo, es decir, unos 45 cm. En aquellos tiempos quizás se trataba de una dimensión larga.
  • Hay cosas que parece mentira que tengan nombre. Como «Jeme», vocablo con el que el DRAE designa la «distancia que hay desde el extremo del dedo pulgar al del índice, separado el uno del otro todo lo posible». ¿Y por qué no iba a existir, ya que en el mismo diccionario nos topamos con el popular «palmo», que es la distancia entre los dedos pulgar y meñique bien estirados?
  • Hay más palabras que dan nombre a lo que nunca habríamos pensado que lo tiene.  «Giste», en masculino, no es otra cosa que la espuma que hace la cerveza cuando se vierte en un vaso (del alemán «Gischt», claro). «Recazo» se refiere esa parte del cuchillo opuesta al filo, es decir, la que produce menos «rechazo». Maravillosa por varias razones es «birlí», palabra que designa la parte inferior en blanco de las páginas de un impreso. «Mitridatismo» pone nombre a la resistencia que un cuerpo genera a los efectos de un veneno y que se adquiere mediante su administración prolongada y progresiva. Deriva de «mitridato», una especie de antídoto según el diccionario de María Moliner. Y está «baquía», sugerente y sonora gracias a ese bello hiato, que nos habla del conocimiento de las sendas, caminos y accidentes de un país.
  • «Hexakosioihexekontahexafobia» se las trae por su extrema longitud y por su significado: nos informa del miedo al número 666. Prima hermana suya es  «hipopotomonstrosesquipedaliofobia». Da nombre al miedo que se siente ante las palabras largas y complicadas. Término paradójico debido a su casi inabarcable longitud. De nuevo encuentro en ella a seis esquiadores montando en bicicleta. Lo largo, vemos, se mueve sobre ruedas para ganar ligereza.
  • «Relamido» está formada enteramente por notas musicales. ¿Y «proselitista»? Pues la construyen toda ella símbolos de la tabla periódica (Prasedomio: Pr;  Oxígeno: O; Selenio: Se; Litio: Li; Titanio: Ti; Azufre: S; y Tantalio: Ta). Pero hay más ejemplares raros,  porque «hiperblanduzcos»«vislumbrándote» pertenecen a la élite de los términos más largos sin ninguna letra repetida.  No sé qué me sorprende más, que existan estos curiosos vocablos o que haya gente curiosa que se dedique a clasificarlos, como los de Juegos de palabras, entomólogos de las palabras, gracias por vuestro esfuerzo.

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Autor

Cristina PlanchueloProfesora de comunicación escrita
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