El poeta accidental

El Libro rojo de Cálamo y Cran

O cómo evitar las rimas internas

Oh, Mari Tilde:
¿Existe la posibilidad de que mi problema sea el exceso de sensibilidad? En mi diario vivir es una prioridad sentir, y no es que lo haga a propósito sino que me sale así, sencillamente. Seguramente influye que siempre me ha gustado estar enterado de todo. Y, la verdad, como el mundo es una calamidad, cuando pongo los informativos solo veo, no miento, sufrimiento. Empiezo conteniéndome un poquito pero, al ratito, acabo derrumbándome. ¿Qué puedo hacer para lograr disfrutar y no llorar?
Gustavo Adolfo Pérez

 

Ay, Gustavo Adolfo, lo que te pasa es que eres un poeta y, sin querer, la rima te sale por las orejas. Eso es bonito en la poesía, pero no creas que acaba de funcionar en la prosa. Con palabras que tienen la misma terminación construyes rimas internas que estropean tu estilo y hacen que leerte sea un pelín pesado, además de… ¿cursi? Te lo digo con cariño, cielo, no te pongas a llorar ahora por esto.
Mira, lo mejor que puedes hacer es dejar de ver los informativos. Y es que a los medios les encanta recrearse en el drama. ¡Con la cantidad de cosas bonitas que hay en el mundo, Gustavo Adolfo! Pues no nos las cuentan, fíjate.
También te aconsejo que te apuntes a algún curso de poesía y desahogues en él tus ansias de rima. Seguro que así consigues, cuando escribas en prosa, dosificar esas palabras que terminan igual:

  • Los sustantivos que acaban con el sufijo -idad. Son siempre femeninos, como tus «posibilidad», «sensibilidad», «prioridad», «verdad» y «calamidad» tan próximos unos de otros.
  • Los infinitivos. Con su final en -ar, -er, -ir, si los usas mucho es muy posible que acabes rimándolos. Mira si no esos «en mi diario vivir es una prioridad sentir» y «lograr disfrutar y no llorar».
  • Y luego están esos terribles adverbios terminados en -mente que el mismísimo García Márquez odiaba y que tú has escrito juntitos con tanta alegría (por no decir alegremente): «sencillamente» y «seguramente».
  • Y hablando de juntitos, ojo con los sufijos diminutivos y los aumentativos: en pareja o en cadena son terribles. Mantente atento a los -ito, -ita, -azo, -aza, -ón, -ona, etc., como esos «poquito» y «ratito» que leo en tu carta.
  • No te relajes ante los participios y su desinencia en -ado o -ido. ¿Recuerdas que has escrito muy cerca «gustado» y «enterado»? Pues no lo repitas, Gustavo, por dios.
  • Y luego están los gerundios, esos verbos largos y rimados que tú emparejas como si nada y, además, adornas con el enclítico -me. Que no es por ser crítica, pero queda horrible «conteniéndome» y «derrumbándome» tan cerca.
  • Y hay muchos más, como las palabras que terminan en -ble, -ón -ero,  -era, -ía, -oma, -eza, ento… Has emparejado «miento» y «sufrimiento» y te has quedado tan ancho.

En fin, Gustavo Adolfo, que la vida tiene mucha poesía pero también mucha prosa. No las confundas.

 

Mari Tilde
Tu consultora ortográfico-sentimental de cabecera

 

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