fbpx La laísta arrepentida | Cálamo y Cran
15/09/2021

La laísta arrepentida

Querida Mari Tilde:

Acabo de cometer el peor error de mi vida: me he vuelto laísta. Todo comenzó cuando me mudé a Madrid, me dejé llevar por el ambiente… y ahora me sorprendo diciendo «la dije», «la duele», «la compré».
Mis padres, que son de León, están disgustadísimos. «Si al menos fueras leísta, que es más de nuestra tierra, nos chocaría menos», me dicen.
¿Qué puedo hacer? Estoy superagobiada.

Laura

Laura, corrige cuanto antes ese laísmo que tanto os hace sufrir.
Para ello, empieza por distinguir el complemento indirecto de la oración: en él NO recae directamente la acción del verbo pero sí se ve afectado por ella. Por ejemplo, en «Le duele la pierna» el complemento directo es «la pierna», porque es lo que duele, y «le» es el complemento indirecto ya que es a alguien (ella o él) a quien afecta la acción de doler la pierna. Y no lo olvides, los complementos indirectos siempre se sustituyen por el pronombre «le/les» aunque sean femeninos. Siempre, así de sencillo.

Pero, cuidado, porque es fácil que confundas el complemento indirecto con el directo cuando este no aparece, como pasa con verbos como «cantar» o «pegar». Y decimos «La pegué y luego la canté porque lloraba». Pero eso no está bien porque, para empezar, no se pega y, para continuar, porque cantamos baladas o villancicos y pegamos bofetones, hostias, cachetes, tortas, tundas… O sea, que no cantamos ni pegamos personas.

Por tanto déjate de laísmos, a ver si vas a tener un problema familiar gordo, y aprende a distinguir el complemento indirecto.


Mari Tilde
Tu consultora ortográfico-sentimental de cabecera

 

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Autor

Cristina Planchuelo Profesora de comunicación escrita
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