Grandes ejemplos de tipografía española (I)

El Libro rojo de Cálamo y Cran

Pues sí, hay alguna que otra tipografía basadas en trabajos de famosos tipógrafos e impresores españoles, y todo diseñador debe conocer algunas de ellas.

Muchas tipografías actuales de referencia, como las Garamond, Caslon, Fournier, Bodoni, Goudy, Frutiger, Gill Sans, … están inspiradas o basadas en los diseños históricos de famosos tipógrafos e impresores (Claude Garamond, William Caslon, Pierre Simon Fournier, Giambattista Bodoni, Frederic W. Goudy, Adrian Frutiger, Eric Gill…), cuyos trabajos debe conocer cualquier profesional del sector.

Pero dado que estos grandes nombres son de muy variado origen (francés, italiano, inglés, suizo, estadounidense…), suele surgir la pregunta de si hay alguna tipografía de origen español que también pueda considerarse relevante entre las referencias históricas. La respuesta, casi siempre inesperada, es que sí. Conozcamos algunas de las más significativas por méritos propios, para lo que iniciamos con esta una serie de entradas sobre el fascinante tema.

  • Antecedentes

1. El impresor. En el decano portal de tipografía Unostiposduros, una autoridad en la divulgación y formación tipográfica en la web, se puede encontrar una buena reseña sobre un impresor zaragozano llamado Joaquín Ibarra y Marín .

Comenzó aprendiendo como ayudante de su hermano Manuel, primer oficial de la imprenta pontificia de la universidad de Cervera (Lleida). Tras alcanzar el nivel de maestro, emigró a Madrid en 1754 y fundó un taller de imprenta. Este obrador hizo historia por su enorme relevancia, tanto que el taller de Ibarra llegó a ser una de las imprentas más famosas de España.

2. El sector. Por una afortunada coincidencia, en esa época el bibliotecario real Juan de Santander recibió en 1761 el encargo soberano de crear una Imprenta Real asociada a la Biblioteca Real.

El Sr. D. Juan debió ser un verdadero amante de la tipografía, pues pensó que una imprenta real debía estar bien provista de muchos y buenos juegos de matrices. Por tanto, en lugar de limitarse a reunir los escasos juegos disponibles, que además muchos de ellos eran viejos lotes de tipografías francesas, inglesas o italianas muy sobreutilizados, pidió permiso para crear tipografías nuevas. En uno de esos felices momentos de la historia, le aceptaron la petición.

Para ello recurrió al prestigioso grabador Gerónimo Gil, la persona mejor cualificada del momento, y le encargó que procediera a montar un obrador de fundición completo para la fabricación de tipografías y que sirviera también para abastecer a las imprentas privadas.

Otro nombre reseñable, el abridor de punzones Eudald Pradell, comenzó como maestro armero. Fue grabador en Barcelona hacia 1741 y  más tarde abrió un taller de grabado y fundición de tipografías en Madrid. Por la excelente calidad de su producto, lo requirieron para trabajar en la Imprenta Real pensionado por la corona (hoy diríamos subvencionado), y allí creó algunos juegos de matrices que luego se usarían también en la imprenta de Ibarra (más información).

3. El entorno. Como ejemplo del clima histórico-cultural del momento, justo por esa época estaban surgiendo por toda España las famosas Reales Sociedades Económicas de Amigos del País, unas sociedades filantrópicas para difundir la cultura, las nuevas ideas y conocimientos científicos y técnicos de la Ilustración. Nacieron en 1773, con la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, y por iniciativa del fiscal del Consejo de Castilla, Pedro Rodríguez de Campomanes, el ejemplo de la Bascongada se extendió a toda la Monarquía, y llegaron a fundarse más de 60. Incluso llegaron a fundarse algunas en América.

Cierto es que la mayoría se fundaron bajo la mirada de la autoridad oficial, y por ello, regidas por la aristocracia (nobleza, burguesía y clero). Carlos III las puso bajo la protección real como un instrumento del progreso y reformismo borbónico, pero estaban condicionadas por las limitaciones del despotismo ilustrado (léase más por aquí). Aun así, su divulgación de las ciencias, el comercio y los oficios contribuyó al espíritu de la Ilustración. Hoy día algunas de ellas siguen activas en su labor filantrópica, como la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, que tuvo como miembro al gran ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos.

Continuar leyendo (parte II).

 

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