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17/01/2019

¿En qué se parecen un salami y un texto?

Un salami y un texto se parecen en que hay que servirlos a rodajas.

Eso significa que cuando escribas no debes redactar una ristra interminable de frases que ocupan páginas y páginas. Si lo haces, abandonarás a tu lector a un indigerible bufé libre de palabras, enunciados e ideas.

Más bien al contrario: como un buen maître, con tu criterio y ponderación debes guiar a tu lector en ese menú degustación que es tu texto. Y digo «degustación» porque no deberías permitirte escribir todo lo que te venga en gana, sino solo lo mejor. Es decir, lo relevante y lo interesante de esa idea que quieres comunicar y que ha de estar lo más delimitada posible. O sea, piensa en tu lector como en un cliente gourmet a quien no debes empachar con tu verborrea sino que tienes que deleitar con la selecta información que le das.

Por eso, planifica y ordena tu menú: si este es largo, desarrolla cada idea o subidea en un párrafo. Y a cada párrafo ponle su punto y aparte. Reúne en bloques los párrafos que hablan de lo mismo y añádeles título, como si cada bloque fuera un plato diferente. Y, como esos sorbetes de frutas que sirven durante las comidas copiosas para desengrasar, deja una línea de separación entre un bloque de texto y otro.

Además, y con el fin de facilitar la digestión de lo que cuentas, establece jerarquías en tus escritos a base de guiones, números, bolos… Eso sirve para:

  • Estructurar los contenidos.
  • Hacer más visual la información.
  • Y, por tanto, facilitar la lectura.

No olvides especiar con gracia lo que escribes con el fin de resaltar determinadas frases. Para eso, usa ligeros cambios tipográficos, como negritas, cursivas, mayúsculas, números…, además de modificar los márgenes de la página. Estos cambios propician la navegación intuitiva, que es algo así como leerse el menú del banquete. Con esta ayuda, tu probable lector se hace una idea del contenido del texto sin necesidad de leerlo completamente. Si tus negritas y títulos son interesantes, despertarán su apetito y le animarán a adentrarse en lo que has escrito. Recuerda que tu objetivo es resaltar determinadas ideas, que por supuesto han de ser atractivas y claras, por lo que no debes empalagar los ojos de tu audiencia con el exceso. Un revuelto de recursos es solamente eso: un revuelto en el que lo interesante queda diluido en una totalidad pastosa.

Y, finalmente, no abuses del apetito de tus lectores: escribe la versión más reducida posible de tu texto. Si puedes contarlo en 50 líneas, ¿por qué utilizar 70? Deja siempre a quien te lee con ganas de un poco más. Solo un poco.

P.D. Por cierto, ¿sabes cuál es la diferencia entre «rebanada» y rodaja»? Que esta siempre es circular. Sin embargo las rebanadas, como la sombra de los cipreses, son alargadas.

 

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Autor

Cristina PlanchueloProfesora de comunicación escrita
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