16/05/2018

Barbaridad de barbarismos

Los romanos llamaron despectivamente «bárbaros» a los extranjeros, y la RAE utiliza «barbarismos» para referirse a esas importaciones que no están incorporadas al idioma y que lo alteran con esos modos suyos tan ajenos. Y decimos  o escribimos barbaridades como «Te llamo de vuelta»* (traducción literal de «I call you back») o «Me han hecho un examen médico»* cuando lo respetuoso con el castellano son las sencillas expresiones «Te devuelvo la llamada», «Te llamo» e incluso el tan poco prometedor «Ya te llamo si eso». Y  «Me han hecho un análisis médico» pues los exámenes, al menos en español, solo se hacen para descubrir la idoneidad de una persona o las circunstancias de un hecho.

El uso de barbarismos nos hace creer que somos más sesudos por hablar raro nuestro propio idioma. Que se lo digan, si no, a los marketinianos y a los informáticos, de comunicación extraterrestre ambos aunque cada uno a su estilo.  Porque entre los briefings, vendings y mailings de los unos y los attachement, browser y tools de los otros… los mortales nos perdemos. Con lo fácil que es hablar claro y emitir  «resumen», «máquina expendedora», «buzoneo» o «documento adjunto», «navegador» y «herramientas».

Claro que quizás tanta contaminación idiomática carece de importancia, puesto que hablamos nuestras lenguas gracias a que en la España romanizada empezamos a estropear el latín con influencias foráneas. En cualquier caso, como no hay nada mejor que conocer al enemigo para defendernos de él, desvelemos algunos de estos barbarismos que la hospitalidad, tan inscrita en nuestro ADN lingüístico, ha adoptado como propios... aunque no lo ha hecho la RAE.

  • «A nivel de». Lo habrás dicho y leído a menudo: «A nivel de Universidad», «a nivel personal», «a nivel de imagen» ignorando, sin duda, que no es correcto. Este galicismo tiene su versión completamente castellana: «En el ámbito universitario», «en el plano personal», «en relación con la imagen». Un nivel es, en español, un nivel. O sea, una altura, un grado, un rango, una medida («nivel máximo», «nivel del mar», «nivel cultural»…) no un entorno ni un contexto.
  • «El camino a seguir». También viene del francés este apéndice innecesario, a base de una preposición y un infinitivo, que añadimos a un sustantivo. Porque indicamos «el método a evaluar», «el modelo a imitar» o «el camino a seguir» cuando la mayor parte de la veces nos las apañamos con  el sustantivo a secas, ya que habitualmente los modelos se imitan y los caminos se siguen. «Les presento el modelo», «indícame el camino», «tengo un método que evaluar» son tan genuinos como claros.
  • «Vuelo doméstico». Doméstico viene de domus, término latino que significa «casa». Los ingleses versionaron esta palabra hasta convertirla en domestic, que en español se traduce como «nacional». Sin embargo, doméstico es, en nuestra lengua, relativo al hogar. Por eso tenemos animales domésticos, empleados domésticos y problemas domésticos, pero no vuelos domésticos. Salvo, tal vez, que hablemos del disgustante ir y venir de un mosquito sobre nuestra cabeza durante la siesta en nuestra casa.
  • «Oriente Medio». Este es el Middle East de los estadounidenses, ya que a ellos esta zona del Asia Occidental les pilla a mitad de camino hacia el Lejano Oriente (Far East). Pero para los habitantes de Europa no se encuentra tan lejos, razón por lo que el apelativo «Medio» no acaba de encajar. Para nosotros es Oriente Próximo o Cercano Oriente e incluye  Arabia, Israel, Siria, Jordania, Líbano, Turquía, Iraq e Irán. Lo que en inglés llaman Oriente Medio, en español denominamos Asia del Sur.
  • «Hola Manolo,». ¿Qué hay de malo en saludar así por e-mail a nuestro amigo? Nada: un saludo cordial siempre sienta bien. Lo malo es que esta forma anglosajona de encabezar las cartas no acaba de cuadrar con nuestra lengua. Porque nosotros, los hijos de Nebrija y su gramática castellana, encabezamos los mensajes con otra puntuación. A saber, «Hola, Manolo:». Es decir, con coma delante del vocativo (esa palabra que usamos para dirigirnos a alguien: «Manolo», «cariño», «tronco») y dos puntos al final del encabezamiento. ¿Qué hace, en un texto castellano, una coma al final de una línea? Hace el guiri, ni más ni menos.
  • «En base a». Con lo bonito que es «a partir de» o un simple «desde»…

Hay más barbarismos en nuestros textos, pero debido al skimming and scanning propio de los aficionados al blogging debo terminar este post, que se está alargando demasiado, o me atacarán los trolls y perderé followers.

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Autor

Cristina PlanchueloProfesora de comunicación escrita
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