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21/01/2020

El duendecillo de los textos aburridos

Existe un duendecillo que, cuando nos ponemos a escribir, se sube a nuestro hombro y nos dicta cosas horribles al oído. Es el duendecillo Pomposo. Te creerás que quiere ayudarte a parecer muy intelectual. Pero recuerda que lo suyo es fabricar zapatos y custodiar jardines, no redactar textos. Ojo, sabrás que merodea tu teclado si te hace cometer las siguientes pifias. 

  • Alargar las palabras. Le parece que los archisílabos quedan muy cultos, por lo que te susurra al oído barbaridades como «climatología», «problemática», «intencionalidad», «finalidad», «influenciar»… No le hagas caso: ningunéalo con  los cortos y claros «clima», «problema», «intención», «fin» e «influir».
  • Hablar en abstracto. Le gusta porque lo impreciso e impersonal es muy aburrido y difícil de entender, y él supone que eso es más interesante. Si te despistas te hará escribir engendros como «Apetece regresar al hogar al caer el día cuando llega a su fin aquello que nos permite cobrar nuestro merecido salario». Mantente firme y anota: «Qué ganas tengo de irme a casa»; directo y eficaz.
  • Ejercer el estilo nominal. Ah, esto le encanta. El duende Pomposo cree que usar los sustantivos en lugar de los verbos es el colmo de la importancia. Te hará creer que debes redactar engendros como «No se llegó a ninguna conclusión sobre la cuestión de la elección del candidato», enunciado que, además de tener rimas internas a causa de los sustantivos, es ambiguo. Redúcelo con un contundente «No elegimos candidato» o «No decidimos cómo elegir candidato».
  • Abusar de los adjetivos. Te volverá loco con este recurso mediocre. Querrá inspirarte con adjetivos que no hacen falta y que quitan personalidad a tus escritos por lo tópicos que son: «Cambios sustanciales», «ejemplos concretos», «flamante novia», «merecidas vacaciones», «interesante conferencia», «mujer fascinante», «cerrada ovación», «fuerte suma», «excelente relación calidad-precio», «lugar emblemático»… Son muchos y el duende se los sabe todos. Líbrate de él con a golpe de diccionario de sinónimos
  • Volverte poeta. Te convencerá para que eches mano de un recurso magistral en los libros de Rubén Darío pero chocante en la prosa. Si no te mantienes en guardia escribirás al estilo de «Sufrir serios problemas», un sonoro enunciado plagado de eses y erres; o de «Montábamos estrépito y escándalo cada dos por tres», frase desequilibrada que empieza con tres esdrújulas y termina con tres monosílabos; o quizás algo plagado de rimas internas a la manera de «Qué difícil es intentar empezar a trabajar después de tanto descansar». Huye de esta influencia y teclea «tener problemas graves », «La liábamos a menudo» y «Qué difícil es volver al trabajo después de un puente».

¿Qué puedes hacer para que la influencia de Pomposo no llegue hasta tus textos? Ver muy poco la tele, leer literatura de la buena y no creerte la reencarnación de García Márquez. Eres un humilde redactor, como yo.

 

Autor

Cristina Planchuelo Profesora de comunicación escrita
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