Cambiar de herramienta no es, desgracidamente, hacer un “clic y listo”. Se parece más a una mudanza: puedes hacerlo deprisa… o puedes hacerlo sin perder las llaves, sin romper la vajilla y sin descubrir tres días después que el router estaba en una caja marcada como “cosas varias”.
Si tu equipo está valorando pasar de InDesign a Affinity (de Canva), lo normal es sentir dos fuerzas tirando a la vez. Por un lado, el deseo de reducir el coste recurrente de licencias y ganar independencia. Por otro, el miedo razonable a que la producción se resienta: plazos, plantillas, estilos, imprenta, revisiones… lo de siempre, pero con urgencia.
La buena noticia es que la migración es totalmente viable si se hace con método. La mala es que, si se hace con prisa, puede convertirse en un “ya lo arreglaremos” que se quedará enquistado.
Aquí tienes un plan en 5 pasos pensado para migrar de InDesign a Affinity para equipos: ahorrar costes, sí, pero sin pagar ese ahorro con horas extra.
Paso 1. Aclara el “para qué” y el alcance (antes de tocar nada)
Qué queremos ganar con el cambio
Seguramente sea el ahorro de licencias, tener más control de las herramientas o una simplificación del ecosistema. Ponedlo por escrito en una frase. Si no cabe en una frase, todavía no está claro.
Qué no podemos permitirnos perder
Coherencia de marca, consistencia tipográfica, exportación fiable para imprenta, estabilidad en producción, tiempos de entrega. No hace falta listar veinte cosas; basta con lo que de verdad os dolería.
Qué entra en la primera fase
No hay que migrarlo todo a la vez. Elegid un conjunto claro (por ejemplo, dossiers corporativos, catálogos internos, presentaciones maquetadas) y dejad para una segunda fase lo más delicado (revistas largas, libros complejos, documentos con automatizaciones muy específicas o históricos que se reeditan cada poco).
Este paso evita que “vamos a migrar” sea tirarse a la piscina… sin agua.
Paso 2. Haz inventario de lo que sostiene vuestro flujo de trabajo
No hace falta un Excel kilométrico (aunque entendemos la tentación). Basta con un inventario útil y honesto:
Plantillas vivas
Las que se usan de verdad, no las que “algún día” se usarán.
Estilos y tipografías
Qué estilos son críticos, qué fuentes son obligatorias, qué variantes se usan y cuáles están ahí por tradición.
Elementos de marca y recursos
Logos, iconos, bibliotecas, componentes recurrentes, tablas, recursos compartidos.
Exportaciones habituales
PDF para imprenta, PDF para distribución, exportación web, paquetes de archivos, etc.
Con este inventario se gana una cosa muy valiosa: criterio. Y con criterio se migra mejor, más rápido y con menos sustos.
Paso 3. Diseña un piloto con un caso real y riesgo controlado
El piloto no es una demo. El piloto es un proyecto real, con un objetivo real y una entrega real, pero con complejidad media. Ni el más simple (porque engaña) ni el más complejo (porque asusta).
Qué elegir para el piloto
Una pieza que el equipo conozca bien, que tenga texto, imágenes y estilos. Por ejemplo: un dossier comercial, una memoria breve, un folleto multipágina o ese documento que se repite cada trimestre.
Qué se busca en el piloto
No es “que quede perfecto a la primera”. Es descubrir:
– qué se adapta bien a Affinity
– qué requiere ajustes
– qué conviene estandarizar para que el equipo gane velocidad
Pensad en el piloto como un ensayo general sin público: se aprende mucho, con menos presión.
Paso 4. Importa con cabeza y define un protocolo de revisión
Aquí va una verdad práctica: para llevar documentos desde InDesign, el puente habitual es exportar desde InDesign a IDML y abrir ese IDML en Affinity. Es el camino más realista cuando hablamos de migración de archivos existentes.
Lo importante no es solo “abrir”. Lo importante es revisar de forma consistente. Y para eso conviene definir un protocolo sencillo, siempre el mismo, que cualquiera del equipo pueda seguir.
Checklist de revisión tras la importación. (¿Os hemos dicho ya cuánto nos gustan las listas?)
Texto y estilos
Comprobad jerarquías: títulos, subtítulos, cuerpo, pies, listas. Si hay cambios, que sean conscientes y corregidos en plantilla, no “a mano” en cada documento.
Tipografías
Confirmad que las fuentes están disponibles y que las sustituciones (si las hay) son las correctas. Las tipografías suelen ser el primer dominó: si cae mal, lo demás también.
Imágenes y vínculos
Verificad que todo está enlazado y que los recortes, escalas y resoluciones están como deben.
Exportación final
Haced un PDF de prueba y comparadlo con el original. No para buscar diferencias microscópicas, sino para confirmar consistencia y fiabilidad: que lo que sale, sale bien.
Este paso convierte la migración en proceso, en instrucciones.
Paso 5. Estándares, formación y convivencia temporal (la parte que de verdad ahorra tiempo)
Si el piloto va bien, la tentación es acelerar. Pero el ahorro serio llega cuando el equipo trabaja con un estándar común y con formación suficiente para no reinventar el método cada lunes.
Tres decisiones que suelen funcionar muy bien:
Plantillas y estilos “oficiales”
Convertid lo aprendido en el piloto en plantillas aprobadas: estilos, páginas maestras, exportaciones típicas, recursos comunes. Lo que se decide una vez, no se renegocia en cada proyecto.
Formación orientada a producción
La formación útil para empresas no es la que te enseña dónde está cada botón. Es la que alinea cómo se produce: cómo se monta un documento, cómo se revisa, cómo se exporta y cómo se mantiene la consistencia en equipo.
Convivencia temporal con InDesign
En muchos equipos, lo más inteligente es convivir durante un tiempo: mantener InDesign para ciertos archivos críticos o históricos, y usar Affinity en nuevos proyectos o líneas de producción. Menos riesgo, más control y, sobre todo, menos estrés.
En resumen: la migración ideal no es la más rápida, sino la que no rompe la producción
Cambiar de InDesign a Affinity puede ser una decisión muy sensata para ahorrar costes de licencias y ganar flexibilidad. Pero, como todo lo importante en un equipo, no va solo de herramienta: va de método.
Si queréis, en Cálamo & Cran os ayudamos a plantearlo con calma y con orden: piloto, estándares, formación y acompañamiento para que la transición sea positiva y realista. Que el ahorro no se quede en una idea bonita, sino en una mejora sostenible.
Cuéntanos cuántas personas sois, qué tipo de trabajos hacéis y cuándo queréis empezar.
Te esperamos en empresas@calamoycran.com








