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16/05/2017

La teoría 6G de la comunicación

¿No es asombroso descubrir que alguien entienda exactamente lo que pretendías decir? Por eso, ¿no es más asombroso aún que comunicarse bien siga siendo la excepción?

El siglo xx nos acostumbró a la revolución tecnológica permanente. Por eso percibimos el desarrollo de las comunicaciones como el runrún de un caudal cercano, con la inquietud de que ese río bravo, generoso, que nos regala aplicaciones y recursos, no nos arrastre cuando nos acerquemos para tratar de comprenderlo. Ahora estamos al borde del 5G, la nueva red que cambiará nuestras comunicaciones, cuando seguimos disfrutando de un mundo con usuarios que aún saben manejar un teléfono con disco de marcar o dial. Esta nueva red (y vendrán más) promete mejoras, nuevos servicios, deslumbramiento: todo aquello que no tenemos y no necesitamos, pero en unos pocos años se habrán vuelto imprescindibles.

Cambiará la legislación: habrá legisladores y abogados que trabajen por dar un marco legal —como ocurrió con las anteriores—, ingenieros y operarios, empresas que den servicios y, en general, una espiral de trabajo e inversiones que significan desarrollo en comunicaciones… pero no en comunicación.

Propongo un salto similar a una nueva red aún más avanzada. Una red de comunicación 6G, por usar un término aséptico, que entre en todas las casas, en todos los ciudadanos, empresas e instituciones al igual que lo hicieron las anteriores.

Una red que signifique un nuevo marco legal en la comunicación: la implantación del uso del lenguaje claro o lenguaje ciudadano. Un lenguaje que permite cumplir las normas que ya existen sobre el derecho de la ciudadanía (llámense también usuarios o consumidores) para que entendamos nuestras leyes, nuestros derechos y deberes. Un lenguaje que facilite la comprensión del dictado médico, el contenido de un contrato, una propuesta comercial o un escrito administrativo.

Para conseguirlo, además del marco legal, se necesita un cuerpo de especialistas, equipos de técnicos e instaladores, empresas dedicadas… todo ello redundaría en aumento de trabajo, reconversión de profesionales y una espiral de desarrollo económico tan evidente como en las anteriores implantaciones de las redes 2G, 3G y 4G. Este desarrollo ofrecería a la ciudadanía mejoras reales y prácticas:

  • Dejar de perder tiempo en la interpretación de textos
  • Respeto a nuestros derechos como ciudadanos y usuarios
  • Transparencia administrativa, con leyes sin recovecos y mensajes claros
  • Aumento de la productividad al reducirse los tiempos de codificación y descodificación

¿Una utopía? Desde Suecia hasta México no son pocos los países que han implantado en su legislación el lenguaje claro. ¿Complicado? Seguro, pero no más que una red 5G. ¿Una gran inversión? Por supuesto, pero con claras ventajas, como ha ocurrido con las otras redes.

De todo ello hablamos en el II Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, Lenguaje claro, reto de la sociedad del siglo xxi, organizado por la Fundéu BBVA y la Fundación San Millán, cuyas conclusiones pueden leerse aquí

Es posible lograr una mejor comunicación entre ciudadanos, independientemente de los medios, los recursos, los dispositivos, y las redes G, que existen esencialmente para facilitar ese vínculo entre personas. Llamémosla 6G o sentido común, pero tenemos que conseguir que comprenderse deje de ser la excepción.

 

Nota:

Desde Cálamo & Cran y la editorial Larousse hemos apoyado esta iniciativa por lograr un lenguaje claro con la publicación del libro Dilo bien y dilo claro en línea con nuestra responsabilidad por formar profesionales que velen por el cuidado del lenguaje y mejoren la comunicación.

Autor

Antonio MartínSocio-Director
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