Qué hacer, que hacer y quehacer

El Libro rojo de Cálamo y Cran

Querida Mari Tilde:

Soy una mujer casada, con dos hijos y en paro. Creía que este iba a ser un año sin nada que hacer, pero me dedico a tantos quehaceres que no tengo tiempo para mí. Estoy exhausta, ¡y ahora en vacaciones será peor con tanto vago en casa! No sé qué hacer para que mi marido y mis hijos se responsabilicen de algunas tareas domésticas.

Mariago Tada

 

Querida Mariago, felicidades por usar tan bien esas expresiones que mucha gente confunde: quehacer, que hacer y qué hacer. Veo que eres lista, por eso estoy segura de que sabrás resolver tu problema y meter en cintura a tu abusadora familia.

En efecto quehacer –igual que tarea, obligación y faena– es un sustantivo, razón por la que se escribe en una sola palabra. Como todo nombre, admite el plural. Pero además, en este caso, suele presentarse en este número, ya que implica un conjunto de tareas, los quehaceres. Es una palabra yuxtapuesta, es decir, formada por dos palabras que unidas crean otra nueva (igualito que la pareja: dos personas que se juntan con la idea de lograr una vida más o menos igual de agradable para ambos).  Como todo sustantivo, suele ir precedido de algún determinante: los, tantos, ningún, cualquier, nuestros…  ¿Ves, entonces, que quehacer no va solo, sino que siempre se acompaña por delante de una palabra que la determina? Pues, como cualquier sustantivo, tú tampoco deberías estar sola frente a los cometidos domésticos.

Veo que sabes que al formarlo con la conjunción que y el infinitivo, el otro que hacer lo escribimos separado porque no es un sustantivo, sino una parte de la oración. Mira bien:

Tengo mucho que hacer en casa porque nadie participa de los quehaceres.

Este que hacer no lleva tilde porque la partícula que no la estamos usando para preguntar sino como conjunción. De hecho, podrías expresarlo de otra manera, tengo mucho para hacer, y no cambiaría el significado: seguirías estando hasta arriba de tareas que en realidad corresponden a toda la familia.

Sin embargo, buenaza Mariago, sí añadimos esa tilde antes omitida para preguntar, aunque sea indirectamente: no sé qué hacer, no veo qué hacer, me pregunto qué hacer… Como puedes comprobar, aunque no escribas las interrogaciones, en realidad estás clamando al cielo ¿qué demonios puedo hacer? Y, como siempre que preguntamos, damos ese golpe de voz sobre la e del adjetivo interrogativo qué. Y los golpes de voz se expresan con una tilde. Por cierto, se me ocurre que tú también puedes dar un golpe, pero no de voz sino sobre la mesa, para que esos mastuerzos se pongan manos a la lavadora. Un buen, aunque redundante…

¿Qué hacéis ahí repanchingados, panda de zánganos?, ¿es que os creéis que no hay nada que hacer en esta casa? ¡Ahora mismo voy a repartir quehaceres a diestro y siniestro y cada uno va a tener muuuuucho que hacer!

Y, zas, te lías a dar tortazos. Bueno, no, la violencia nunca es recomendable. Pero seguro que has pillado el concepto.

Quizás también has pillado que existe otro qué hacer que lleva tilde, aunque no suponga una pregunta implícita. Lo tenemos en…

Creo que ya sé qué hacer…

Aquí nadie pregunta, como ves, sino que más bien parece que ha hallado una respuesta. Da igual, porque lo importante a la hora de repartir tildes sobre estos qué es emitirlos en voz alta. Pero no para imponer autoridad, sino para ver si damos ese golpe de voz que está pidiendo a gritos una tilde diacrítica.

¿Sabes qué tienes que hacer, querida Mariago? Indicar a cada miembro de tu familia qué hacer en casa hasta que no haya nada que hacer porque todos los quehaceres estén hechos. ¡Y a descansar tan ricamente!

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Patricia Gómez

Patricia Gómez

Directora de Marketing en Cálamo y Cran Licenciada en Traducción e Interpretación e Intérprete Jurado de lengua inglesa desde el año 2007

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