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25/04/2016

He terminado el curso, ¿y ahora qué? (I)

Una de las preguntas que más plantean los alumnos del curso de traducción y, según me cuentan, muchos alumnos de otros cursos de Cálamo cuando llegan al final es: “Ya tengo mi certificado: ¿y ahora qué hago?”. Hemos terminado el curso, hemos adquirido unos conocimientos y nos toca enfrentarnos al mundo laboral. ¡Y en la mayoría de los casos hay que empezar la búsqueda desde cero! Delante de ese océano, nos entra un poquillo de angustia ante lo desconocido y se nos vienen encima todas las preguntas a la vez:

–          ¿Por dónde empiezo?

–          ¿Quién va a contratarme a mí, habiendo tan buenos traductores ya consagrados?

–          ¿Qué puedo aportar yo?

–          ¡Y encima con esta crisis! ¿Quedarán todavía oportunidades…?

–          Tengo ya treinta y pico tacos, ¿no estaré siendo un iluso al querer meterme en una profesión a estas alturas de mi vida?

Es normal sentirse inseguro y nervioso al principio. Como es lógico, lo que nos gustaría es tenerlo todo ya resuelto y que nos echaran pétalos de rosa por el camino, cosa que no suele ocurrir precisamente. Es necesario ponerle mucho empeño, pero sin perder el optimismo. Por mi propia experiencia y por la de otros colegas cercanos que han pasado por lo mismo, sé que existen diversos modos de organizarse mentalmente y de dar respuestas positivas a todas esas preguntas. Me gustaría lanzar algunas propuestas prácticas para esas primeras andaduras, esperando que os resulten útiles tanto a los que queráis ser autónomos como a quienes prefiráis buscar un puesto en plantilla.

La preparación y el envío del CV.
Ánimo con esa disposición mental.
Complementos de formación.
La conexión con el mundillo profesional.
¡Al ataque! La iniciativa personal.

  • Primero: la preparación y el envío del CV.

Es la parte logística más pesada, pero es impepinable pasar por ella. Es lo primero que hay que hacer.

Consejos para la elaboración del CV. Muchos de vosotros habéis leído en los manuales algunos consejos prácticos para la elaboración del CV. Además, podéis sacar información muy útil del post que escribió Jimena sobre este tema (Cosas que evitar al mandar un CV). Así que en este punto recapitularemos solo algún aspecto esencial:

–          El CV debe ser escueto, presentar toda la información útil en un par de hojascomo mucho (no se trata de incluir hasta la nota que sacamos en la selectividad) y ofrecer un contenido que transmita confianza, con datos reales de empresas o trabajos; no conviene decir: “En la actualidad, traductor freelance para varias empresas”, sino que merece la pena dar algunos nombres concretos. Para los que seáis maquetadores o diseñadores, ya os encargaréis de que tenga una composición llamativa y original.

–          Prioridad de la información. Si estamos empezando nuestra andadura, obviamente tendremos poco contenido profesional en ese campo concreto: que no cunda el pánico. En esos casos, podemos presentar en primer lugar la formación (los cursos que hemos realizado y las titulaciones obtenidas) y más abajo nuestra experiencia profesional; de este apartado (experiencia), pondremos de relieve lo que más nos convenga; por ejemplo, de los puestos de trabajo anteriores podemos destacar todo lo que tenga que ver con traducción o idiomas (o con corrección o maquetación, en fin, lo que estéis buscando).

–          Y nuestro correo de envío tiene que demostrar las ganas que tenemos de empezar nuestra actividad en ese campo profesional; por ejemplo, conviene indicar que estamos dispuestos a realizar una prueba profesional. Generalmente, en la realización de una prueba es donde demostramos la calidad de nuestro trabajo. Por eso las pruebas (de traducción, de corrección, maquetación, etc.) tienen que quedarnos perfectas.

Consejos para preparar el envío del CV. Para preparar los envíos de CV a las empresas, también es recomendable organizarse, sobre todo al principio:

–          Conviene elaborar una base de datos (una tabla sencilla en Word o en Excel) en la que anotaremos, por columnas, los datos de las empresas, la fecha del envío de CV, si hemos recibido respuesta, qué nos han dicho, qué tarifa hemos negociado, etc. En fin, los datos que nos interesen. Este seguimiento puede parecer un poco pesado, sobre todo al principio, pero también puede optimizar mucho el trabajo de búsqueda (y la búsqueda de trabajo). De ese modo, las siguientes veces, cuando enviemos de nuevo el CV a las empresas para actualizar nuestros datos, cosa que haremos más o menos cada seis meses hasta que nos consolidemos (e incluso una vez consolidada nuestra cartera de clientes), ese trabajo previo de búsqueda de empresas ya estará hecho y solo tendremos que copiar las direcciones que ya hemos recolectado.

–          El envío debe ser lo más personalizado posible. Para trabajar en las empresas que realmente os interesen, debe evitarse enviar el CV a una dirección anónima o de recursos humanos, pues allí van a archivar el CV en un lugar inaccesible para el editor o elproject manager. Por eso, conviene molestarse en llamar a la empresa y pedir la dirección de una persona o un departamento concreto (edición infantil y juvenil, por ejemplo) al que le interese recibir vuestro CV. Un ejemplo: si enviáis el CV a la dirección web de una editorial grande (info@santivives.com), como mucho le enviarán vuestro correo al departamento de Recursos Humanos, donde lo archivarán en cualquier limbo. Es probable que nunca le llegue al project manager o al editor, que es el que necesita los traductores y quien podría llamaros en caso de necesidad, y casi siempre recurre a sus propias referencias, que no suelen llegarle precisamente de Recursos Humanos, sino de sus contactos personales. Ocurre así. En cambio, si lográis obtener el correo directo de esa persona o ese departamento, ganáis infinidad de probabilidades de que os tengan en cuenta. No es nada raro llamar para pedir ese dato. Por supuesto, no será posible hacer esto con decenas o incluso cientos de empresas; pero sí merece la pena tomarse la molestia de conseguir contactos de las empresas que verdaderamente os interesen.

Aunque al principio se vea todo un poco gris, de esta búsqueda, por lo general, salen oportunidades. Te llaman de un sitio, te piden que hagas una prueba, que les digas tus tarifas, etc., y toca prepararse para la negociación de los aspectos profesionales y para una posible entrevista.

  • Segundo: ánimo con esa disposición mental.

Al acabar el curso, muchos decís que no tenéis una verdadera experiencia profesional que ofrecer. Pero, aunque eso sea verdad, también lo es que no salís de los cursos con las manos vacías. No olvidéis que, por un lado, lleváis tiempo practicando (traduciendo y corrigiendo textos, etc.) y que los ejercicios que habéis hecho no son ejercicios simplificados, sino que podrían ser encargos reales. Por otro, a diferencia de otros cursos tal vez más largos, pero más teóricos, vosotros salís preparados para abordar directamente el mundo profesional:

–          Por vuestros resultados en los ejercicios, debéis estar seguros de la calidad que sois capaces de ofrecer.

–          En el curso habéis adquirido una idea de cómo está el mercado (tarifas, tipos de clientes, etc.) y sabéis cuáles son las tarifas mínimas. Esos datos constituyen una buena base para empezar a negociar con vuestros clientes y para saber que cuando decís “mi tarifa es X” no estáis diciendo nada aberrante.

–          No tengáis miedo de hablar con vuestros clientes, aunque os sintáis “poca cosa” por la falta de experiencia. Debéis estar seguros de vuestras capacidades y de lo que habéis demostrado en el curso; estableced bien vuestras tarifas mínimas y perded el miedo a la aventura: conversar con los clientes y hacer entrevistas es importante y parece solemne, pero también es más normal de lo que creemos. El trato debe ser de igual a igual, porque ellos son profesionales, igual que lo sois vosotros, y les estáis ofreciendo un servicio. Y si de una entrevista no obtenéis el resultado esperado, habrá servido como mínimo para preparar la siguiente.

–          Recordad también que la negociación es una constante en el autónomo, y en la vida profesional en general. No hay nada definitivo que nos condene para siempre. Si una relación profesional no os parece justa, porque el cliente paga demasiado poco o resulta que las condiciones no corresponden a las que se habían acordado inicialmente o lo que sea, siempre podéis plantear alguna mejora. La ventaja del autónomo está en la capacidad de negociación.

 

No os perdáis la segunda parte de este artículo.

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Autor

Elena Gallo KraheTutora de traducción y traductora
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