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13/02/2017

Yo, mi, me con… mi agente literario

 

Ser agente literario es como ser un psiquiatra sin título.
Andrew Wylie, El Chacal.

Siempre que se pregunta (y más la gente ajena al universo editorial) qué es un agente literario, hay complicaciones para que la otra parte comprenda cuál es su labor. Yo siempre respondo: «Es el mánager del escritor/a». Si los cantantes, los deportistas o los actores tienen representante, ¿por qué no van a tenerlo también los escritores?

Existen diferentes definiciones sobre el oficio (unas más afiladas que otras):

  • El amigo alquilado del autor (según Ulrich Janetzki, del Literarische Colloquium de Berlín).
  • El enemigo natural del editor.
  • El que se ocupa del trabajo sucio mientras yo escribo (según algunos autores representados).
  • Un agente literario es un representante editorial que media entre el escritor y otros agentes como la editorial, tanto a nivel nacional como internacional, para encontrar el mejor contrato de edición de la obra de su representado (Wikipedia).
  • Business Partners.

¿Qué hay de real en todo esto?

Los agentes literarios arrastran una leyenda de mala y dudosa fama que todavía pervive, son figuras controvertidas, asociadas al (no tan escandalosamente alto) porcentaje que perciben. Inicialmente se ubican como intermediarios, pero no pueden sustituir las responsabilidades del editor ni del autor.

Con el tiempo y demostrando su buen hacer, muchos editores han entendido y comprobado (y, sobre todo, han agradecido) las ventajas que tiene negociar con agentes literarios profesionales (en países como EE. UU. son la única vía de acceso al editor).

Para un autor tener agente literario es obviamente práctico y eficaz, ya que abrirá su abanico de posibilidades para ser publicado y se convertirá en su consejero profesional, permitiéndole dedicarse a tareas literarias y no burocráticas. El agente seleccionará qué tipo de editoriales son las más adecuadas según qué manuscrito tenga entre manos, tratará de convencer a los diferentes editores y negociará las condiciones de sus contratos.

Pero no todo son números, claro… En muchos casos, a partir de aquí se establece un vínculo duradero y estrecho entre el autor/a y su agente, se acompañarán mutuamente y serán socios para todo tipo de asuntos, proponiendo ideas y apoyándose en los momentos difíciles.

La química personal entre ambos es una garantía de éxito y, como dice el refrán, el roce hará el cariño y en algunas ocasiones la relación se transformará en fraternal, y el agente acabará siendo comercial, guardaespaldas, psicólogo, asistente, padre y madre, hermano… Y un amigo.

Así se despedía en 2015 Isabel Allende de su agente, Carmen Ballcels:
"Durante 34 años la llamé «madraza». Era magnífica, abundante, sentimental. Me tomó bajo su ala cuando yo era una aspirante a escritora desconocida que venía del fin del mundo. Le debo mi carrera. Todos los autores que representó la extrañaremos enormemente. Sin Carmen yo me siento perdida."

 


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