fbpx Una historia de autoedición | Cálamo y Cran
12/02/2020

Una historia de autoedición

Mar Echenique, escritora independiente y antigua alumna de Cálamo y Cran, ha decidido emprender por su cuenta la aventura editorial. Escribió un precioso libro de relatos y decidió contratar a una empresa de autoedición. Su obra, Una mariposa en el café, ahora está nominada para un premio entre 2000 aspirantes. Sentimos curiosidad por saber la relación entre el título y lo que encierra su colección de relatos.

Empecemos por preguntar sobre el café. Parece un tópico que a cada uno nos gusta el café de una manera. ¿Crees que la forma en que tomamos el café dice algo de nosotros?

Pues has dado en el clavo. Uno de los relatos del libro, titulado “Café solo, bien cargado y con dos de azúcar” juega con este mito. Si dos personas toman el café exactamente de la misma manera, en ese caso: solo, bien cargado y con dos de azúcar, es probable que se parezcan en muchas cosas más y, en definitiva, que estén hechas la una para la otra.

Se dice que el aleteo de las mariposas puede provocar efectos inesperados. ¿Cómo debemos entender las mariposas en el café? ¿Cuál es la simbología de las mariposas en tu obra?

El título de la obra tiene su origen en dos relatos, el que acabo de mencionar y otro, que se titula “Sonata cíclica en cuatro movimientos”, en el cual un antiguo camafeo, que contiene una mariposa formada por piedras preciosas, hace de enlace entre el tiempo pasado y el presente en una pequeña aldea asturiana. La mariposa de este relato no aletea, porque permanece encerrada en su camafeo, pero sí transporta a los personajes de una época a otra, provocando esos efectos inesperados.

Según hemos leído en tu libro abundan los personajes ¿Cuántos hay? ¿Cómo te relacionas con ellos? ¿Te cuesta cuando tienes que hacérselo pasar mal?

Hay más de treinta personajes a lo largo de los diez relatos y mi relación con ellos es como si los considerara reales a todos. Ya que soy yo la que los creo y los desarrollo, me permito el privilegio de tratar, en la medida de lo posible, de que los buenos no sufran demasiado o que, al menos, sean resarcidos de su sufrimiento, y que sean los malos los que sufran, aunque esto no siempre es posible. Sin embargo, cada relato termina lógicamente en un punto exacto de la vida de los personajes y solo yo sé lo que sucede después. Y es ahí, en ese espacio de mi imaginación, que no puede ser revelado a los lectores, cuando yo práctico mi justicia poética, salvando a los buenos y castigando a los malos.

Es posible que algunos te despierten más simpatía que otros, ¿tienes algunos personajes predilectos? En el proceso de creación los defines detalladamente o dirías que tienen vida propia.

Por supuesto. Hay personajes a los que adoro. Entre ellos destaca Brais, un personaje secundario del relato “Café solo, bien cargado y cono dos de azúcar”, que conduce una motora cargada de contrabando. Y Marcos, el viejo amigo de la protagonista de “La Base”, que ni siquiera aparece en la historia, pero que sin embargo es el motor de lo que sucede. También están los personajes futuros, los que aún no han nacido cuando sucede la acción, como el joven que nos cuenta la historia de sus padres en “Café solo,….” o el bebé, que con tanto dolor es parido por Tamlyn, en “Al otro lado del mundo”. Siento simpatía por este par de niños y por ese futuro, que no tiene sentido que aparezca en los relatos, pero que yo he construido para ellos. Pero también me sobrecoge la tímida búsqueda de la libertad de la ingenua Silvana, en “La Base”; el ridículo sueño, de apariencia banal, de la anciana Mercedes en “Vestido blanco”

La verdad es que no puedo elegir a ninguno. Es como si todos fueran hijos míos y me plantearas la decisión de Sophie. Pero hay cinco personajes, los que componen la familia de “Un barco en el puerto”, que no son míos, a pesar de ser los más míos de todos, ya que son los únicos personajes del libro que fueron personas reales, de carne y hueso: mi abuelo, mi abuela, mi madre y mis tíos. Para ellos no puedo imaginar ningún destino, ni malo ni bueno, porque los cinco tuvieron su propio devenir tras la escena que vivieron juntos aquella tarde en el puerto de Pasajes y que es la que yo relato.

Pues yo creo que no pienso mucho en ellos antes de ponerlos en movimiento, es decir, no los planifico, pero sin embargo están dentro de mi idea del ser humano y de sus procesos de coherencia o incoherencia interna. Es decir que crecen ellos mismos, pero no de forma imprevisible, sino dentro del marco que he creado para ellos, de lo que quiero mostrar y comunicar. No puedo permitir que se me escapen y campen a sus anchas, y, cuando lo hacen, no me queda más remedio que tachar y tirar a la papelera, a veces con mucha pena, por cierto.

Y ¿qué hay del relato? Este es un género muy difícil porque se centra en lo esencial.

Sí, dicen que el relato es difícil, pero para mí mucho más lo es la novela. Condensar y narrar la esencia de una historia o una vida me parece mucho más sencillo que relatar esa historia o esa vida con todos sus entresijos y dejar a los lectores y lectoras que sean ellos mismos quienes obtengan sus propias conclusiones. Trabajé durante años en estos relatos y llevo años trabajando en una novela, y para mí esto segundo es mucho más complicado.

Por último, ¿cómo has sentido la acogida de Una mariposa en el café?

La acogida ha sido buenísima, mucho mejor de la que me esperaba. He recibido comentarios de cientos de personas que me dicen lo que más les ha gustado, cuáles son sus relatos favoritos y por qué. Ha sido una satisfacción enorme para mí, pero apenas ha traspasado los límites de mi entorno debido a que no ha sido distribuido en las librerías. Creo que eso ha sido un terrible hándicap para que la mariposa emprendiera un vuelo más alto.

Mar Echenique ha escrito Una mariposa en el café. Todos los beneficios de la venta del libro van destinados a la asociación Asomarte, cuyo objetivo es luchar contra la discriminación de las personas que padecen enfermedades estigmatizadoras. Puedes adquirir su libro por correo electrónico: asomarteenpositivo@yahoo.com.

Además, Mar nos cuenta que unos buenos amigos suyos, Noelia y Jose, “que tienen un bar con una de las mejores terrazas de Madrid, Miss Carrusel, en la calle Virgen del Puerto, se han ofrecido a venderlo también allí”.

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Autor

Icíar Gómez Profesora de edición y corrección
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