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18/10/2016

Tres días de una hormiga en el Liber

Más de una vez me preguntan con extrañeza para qué voy a una feria, para qué sirven, o cómo puedo justificar esa escapada si ya todos hacemos negocios en la red. Y a pesar de ello, luego se interesan por saber cómo fue y qué pasó, lo que en el fondo viene a ser la respuesta que buscan. Por eso, me gustaría responder a estas dos preguntas: cómo fue este Liber* 2016 y para qué sirve una feria.

Cuando acudes como visitante profesional o expositor —es decir, no perteneces al equipo que organiza un encuentro de esta envergadura— esperas que nada más llegar se cumplan todas sus necesidades, más que como profesional, como un pequeño tirano egoísta: quiero mi gafete**, mis contactos en sus sitios, que todo esté perfectamente identificado, que todo empiece a su hora, que todos te informen al detalle de todo lo que se te ocurra…  Es entonces cuando tienes que recuperar el sentido común para saber que afortunadamente hay todo un equipo, con mucha experiencia en la organización de estos eventos, que están allí trabajando para ti, para que logres tus objetivos y esta sea una edición útil y necesaria del Liber. Es fácil quejarse, pero lo difícil es ser capaz de ver hasta dónde llega todo ese gran equipo, desde quien programa hasta quien atiende en los puestos de acreditación. A todos ellos, gracias. Si hay algo que modificar, siempre vendrá bien señalarlo, como haré más adelante, pero empecemos por agradecer que todo funcione y lo haga tan bien.

A grandes rasgos, lo primero que siempre llama la atención es el tamaño del Liber; por comparación, la de Buenos Aires y la FIL de Guadalajara son ferias gigantescas. Todas tienen tres días para profesionales, pero solo la española es la que se cierra al público, de ahí que se eche de menos esos espacios para librerías, instituciones, bibliotecas o zona de fomento de la lectura, o espacios para el libro infantil o juvenil. El Liber es además el paso previo a la madre de todas las ferias, la de Fráncfort —de la que hablaré en el siguiente post, tras visitarla—. Por estas razones se comprende ese tamaño, sí, pero sería interesante aprovechar ese esfuerzo para integrar a la comunidad lectora en una gran feria del libro al estilo americano. No vendría nada mal al sector sentir a sus usuarios tan cerca.

La industria de la edición española ocupa desde hace años un brilante 4º puesto mundial por número de títulos, raro en comparación de nuestro número de lectores, pero que se explica rápidamente por la descripción que ofrece su gabinete de prensa: «Liber es la gran plataforma comercial para el libro en español que genera, en tres días, pedidos y contactos que suponen un tercio de las ventas en el mercado exterior del sector editorial».  Por si te preguntan para qué vale el Liber, esta es una buena respuesta.

Con este tipo de descripciones es lógico pensar que a los profesionales —a quienes hacemos los libros— lo que pasa en el Liber nos queda algo lejos. No parece que las decisiones que aquí se tomen vayan a afectar a nuestro trabajo. Nada más equivocado: la buena o la mala salud del sector nos da indicadores para conocer las tendencias, los avances o retrocesos de las editoriales con las que trabajas o te gustaría trabajar, o las líneas de los libros más vendidos.

Por ejemplo, este año ha habido grandes debates en los simposios, mesas y conferencias, y también en los pasillos y la cafetería. Los grandes temas, como el Mercado Único Digital, la comercialización en los mercados exteriores, la libre circulación del libro entre los países iberoamericanos —que ha dado lugar a la 'Declaración de Barcelona' firmada por el Grupo Iberoamericano de Editores—, puede que como editor, maquetador, traductor, corrector o ilustrador no te digan nada, pero es tu tarea —más allá de las conclusiones— saber que este plan que quieren llevar a la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, pretende que cada estado desarrolle y dote de recursos para crear planes de fomento de la lectura. Es decir, habrá trabajo en el horizonte.

Pero también de esos informes puedes destilar otra información: qué tipo de libro es el que más se vende, qué tipo de edición requiere, qué tecnologías se están usando y qué profesionales requiere.

En el centro del Liber uno podía encontrarse con los organizadores de Graphispag 2017, donde me contaron la necesidad de cambiar el discurso de los profesionales de Artes gráficas, para exponer con mayor claridad sus avances y logros que cualquier editor —cualquiera— puede tener a su disposición. Los pequeños editores necesitan mantener un contacto fluido con el mundo de la imprenta porque los productos que desarrollan día a día pueden servir para ahorrar coste de distribución, impresión o una nueva imagen al alcance de su mano.

También hubo debates más cercanos, como la corrección: la mesa redonda compuesta por Unión de Correctores, con su presidenta Beatriz Benítez, la editora Sofía Acebo, de Larousse-Vox y la correctora-traductora Judith de Diego, sirvió, ante todo, para que se cuente con la figura de los profesionales de la corrección, para que hablen con voz propia y se reconozca su labor. O para intercambiar puntos de vista —esenciales— con la editora: qué espera ella de un corrector (más bien de una correctora) para contratarlo. Nos regaló 10 puntos esenciales que pueden aún seguirse por twiter bajo la etiqueta #Liber2016 y #Liber16. También se constató la necesidad de llevar los servicios de corrección más allá del mundo libro y aprender a venderlo como un producto, un servicio con un precio. Una asignatura pendiente en la que UniCo lleva trabajando años.

Así que tras las grandes cifras y los debates, también hubo un espacio singular de grandes pequeños aciertos: el microliber y la zona digital. Un espacio que deseo que siga en crecimiento y podamos ver nuevas caras. Que el Liber es el gran espacio de ventas internacionales está claro. Pero ¿podría ser, además, el lugar donde encontrarnos las empresas de servicios profesionales de la edición, las asociaciones de profesionales (traductores, correctores, pequeños editores), los centros de formación en edición, o un lugar donde conocer a profesionales independientes que nos muestren sus servicios más allá de su CV? Ojalá.

En esta edición, además de esas pequeñas editoriales que alientan la bibliodiversidad, pudimos descubrir iniciativas que están a la vanguardia de lo que puede ser el futuro a la vuelta de la esquina, como Cubus Games, el sueño de todo gamer o jugón: las historias de Elige tu propia aventura llevadas a pantalla, con videojuego de acción y arcade entreverados en la lectura opcional. Una propuesta que exige guionistas y programadores además del clásico equipo de profesionales; SeeBook, que devuelve al oído la lectura: nos descubren todas las posibilidades de volver a tocar y sentir un ebook; Relatos revueltos, una propuesta de cómo la parcelación de contenido es una línea en el futuro del ebook: aquí puedes organizarte tu ebook —como una cesta de la compra— con los relatos que quieras, y si tu antología gusta, llevarte una comisión por vender esa selección.

¿Qué significan estas tendencias? Que además de la edición en papel hay que estar al corriente de las nuevas posibilidades digitales; que el profesional tradicional tiene que prepararse para entrar en contacto con estos nuevos profesionales, nuevos procedimientos, nuevos productos que entran en una categoría más difusa del libro pero que sigue perteneciendo sin duda al mundo de la lectura.

Y yo, cuando veo esto ya estoy pensando en cómo incorporar todas estas buenas noticias a nuestros cursos existentes, tanto los de edición como los de generación de contenidos; cómo contarles a los correctores dónde buscar nuevas posibilidades de trabajo; cómo enriquecer más los ebooks y qué tienes que saber de los nuevos profesionales y sus tecnologías; cómo pensar, en definitiva, en digital.

Aprovecho el final para anotar que he echado de menos algunas utilidades en la web: algo tan básico como el plano de la feria, para tener un lugar donde citarme con los clientes; y una app al estilo de las grandes ferias, que también sería un sueño, una app que simplifique citas, con eventos que se puedan descargar a nuestro calendario, al estilo de agenda de La lectora futura.

(Si quieres saber qué hacer y cómo sobrevivir a una feria, no te pierdas el próximo post.)

* Una recomendación: mi corazón de corrector no se resiste a añadirle una tilde al nombre, que lo lleva pidiendo a gritos desde hace años: Líber. Ya que todos lo pronunciamos como palabra llana, vendría bien normalizarlo, como hizo la propia Fundéu con su nombre.

**Gafete es el nombre del identificador de plástico que nos colgamos del cuello en ferias, congresos y otros saraos.

Autor

Antonio MartínSocio-Director
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