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14/04/2020

Teletrabajo y teletrabajo en tiempos de crisis

Recientemente leí en Twitter: «You are not working from home; you are at your home during a crisis trying to work» (No estás teletrabajando, estás en casa durante una crisis intentando trabajar). Al leer este tuit no pude evitar rememorar mis maravillosas historias de Cálamo y Cran, donde empecé a descubrir lo que verdaderamente era teletrabajar.  

Ahora son muchas las empresas que se llenan la boca alardeando de cómo «permiten» —sí, permiten— teletrabajar a sus empleados para contribuir al bien social, pero hace quince años, cuando yo empecé, eran muy pocos los empresarios que veían beneficios en tener contentos a sus empleados. Cálamo y Cran era una de esas empresas. Como yo vivía lejos, me «ofrecieron» —sí, ofrecieron, no permitieron— trabajar desde casa los viernes. Aquello era un auténtico lujo, porque me ahorraban las dos horas y media que tardaba en ir y venir a la oficina. Recuerdo que gente a mi alrededor me hacía comentarios absurdos del tipo «ah, qué bien, los viernes libres», pero yo no entraba al trapo porque tanto mis jefes como yo sabíamos que teletrabajar no era sinónimo de escaquearse, sino más bien al contrario: de trabajar de forma incluso más intensa. Estoy segura de que amigos de mis jefes también les harían ese tipo de comentarios a ellos, pero su confianza en sus empleados era mayor y ellos mismos teletrabajaban y sabían perfectamente el grado de compromiso que tanto ellos como nosotros, sus empleados, teníamos con la empresa.

Cuando nació mi primer hijo, allá por el año 2007, yo trabajaba en Cálamo y Cran no solamente como tutora online, sino también al frente del Departamento de Servicios lingüísticos. Mi trabajo era tan apasionante como demandante y jamás creí que tendría algo que me demandara más tiempo que eso, hasta que fui madre por primera vez. Ahí te das cuenta de que por muchas horas que echaras al trabajo no era comparable con el 24/7 que te requiere traer un ser a este mundo.

Enseguida comprendí que compatibilizar el trabajo —al que tardaba una hora y cuarto en llegar en transporte público— con formar una familia no era una misión fácil. Mi marido trabajaba por aquel entonces en una empresa totalmente inflexible, con lo que la situación era doblemente difícil. Pero yo tuve la suerte de que Celia y Antonio, los directores de Cálamo y Cran, no son el prototipo típico de empresario español. Cuando les planteé mi problema me permitieron ampliar mis días de teletrabajo; cuando nació mi segundo hijo yo ya trabajaba lunes, miércoles y viernes desde casa, y cuando nació la tercera, el teletrabajo se convirtió en la norma y las reuniones presenciales en la excepción. ¿Quiere eso decir que mi grado de compromiso y responsabilidad para con la empresa menguó? No, por el contrario. Trabajaba incluso más horas de las que mi contrato establecía, y no por miedo a represalias, sino por compromiso, lealtad y responsabilidad para con la empresa, pionera en España, que gracias al teletrabajo me permitió compaginar el tener una brillante carrera profesional con formar una familia.

Quizás por eso cuando en 2015 decidí dedicarme a la docencia a tiempo completo, porque me llegó la llamada vocacional de ser profe, lo que más me costó de tomar la decisión fue decir adiós a Cálamo y Cran. Pero no me hizo falta decir adiós, porque ni ellos ni yo queríamos despedirnos, así que llegamos a un acuerdo de teletrabajo que me permitiría seguir siendo tutora online a la vez que perseguía mi sueño de profesora de Secundaria y Bachillerato.

Una vez más las voces paletas de «ah, qué bien, teletrabajas» hicieron acto de presencia, como dando por hecho que trabajar desde casa es sinónimo de no trabajar, como dando a entender que ese segundo trabajo mío no era trabajar. Porque opinar sin saber es deporte nacional para algunos, pero por suerte Cálamo y Cran tiene más de veinte años de experiencia teletrabajando y sabe que teletrabajar no es calentar la silla durante las 8 horas de tu contrato, sino que es un grado superior de lealtad, compromiso y responsabilidad que hace que empresa y empleado sean uno solo remando para el mismo lado.

Hoy, rodeada de mis cuatro hijos, teletrabajo. Atiendo a mis alumnos del colegio online —porque en los coles nos ha tocado a todos convertirnos en profes a distancia a la fuerza—; corrijo las traducciones y los exámenes de mis alumnos de Cálamo y Cran y resuelvo sus dudas; superviso las tareas escolares de mis hijos y sus extraescolares por videoconferencia; junto a mi marido, nos ocupamos del menú para 6 cada semana y de salir lo mínimo indispensable, así como de los nuevos compromisos sociales que este estado de alarma ha fomentado: zoom con la familia, zoom y aperitivo con amigos, un poquito de deporte con la app de turno…

Teletrabajo, sí, igual que llevo haciendo desde hace años pero con la diferencia de que hoy en día no me dicen cosas del tipo: «ah, qué suerte, teletrabajas, estarás más tranquila, entonces». Una pena que haya tenido que llegar un virus como este para hacer ver a la gente que el teletrabajo no solo es posible, sino que también —en circunstancias normales— es incluso más productivo. Algo que pioneros como Celia y Antonio tienen claro desde el inicio de su andadura profesional: si quieres un empleado leal y productivo, piensa en él como una persona —con su familia y sus inquietudes—, no como un número, porque entonces no tendrás solo un empleado, sino un compañero de viaje que remará contigo contra la crisis que sea.

Aun así, no hay que olvidar algo importante que decía al principio de este artículo: no estamos teletrabajando, estamos en casa durante una crisis intentando trabajar. ¿Grado de compromiso? 200 %, porque está claro que, tal y como están las cosas, nadie quiere perder su empleo. Pero no somos robots: ni nosotros ni nuestros alumnos, y mostrar un poco de humanidad no nos hará débiles, sino todo lo contrario.

De eso, Cálamo y Cran sabe, y mucho. Por eso, si estás haciendo un curso con nosotros, no tires la toalla: pide ayuda. Cálamo y Cran, nosotros, te escucharemos.

Te esperamos:

Autor

Jimena Licitra Tutora de traducción
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