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15/02/2017

Programas de traducción asistida

Cuando se habla de los programas de traducción asistida, como Trados o MemoQ, parece que siempre los asociamos a las traducciones técnicas, es decir, a las traducciones susceptibles de reaprovechamiento. El núcleo de este tipo de programas consiste en una memoria de traducción, que podría asemejarse a una base de datos, donde se almacenan los segmentos traducidos; la herramienta los va sugiriendo a su usuario cuando aparece una frase igual, o similar, en la traducción.

No obstante, la ecuación programa TAO = traducción técnica no es excluyente. Si bien estas herramientas se utilizan más en dicho tipo de traducciones (ya que suelen ser textos más repetitivos o simplemente versiones actualizadas de otras anteriores), se pueden utilizar para trabajar con todo tipo de originales. Una serie de culinaria, una colección de libros de ornitología, una biblioteca compuesta por títulos dedicados al hágalo-usted-mismo son solo tres ejemplos del tipo de publicación que constituiría un candidato ideal para programas como Trados Studio, Deja Vu o memoQ. En todos ellos van a darse cadenas de texto recurrentes, muchas veces idénticas.

Aparte del almacenamiento de los segmentos, una de las grandes ventajas de estas herramientas es la consistencia terminológica. Podemos buscar en la memoria cómo hemos traducido un determinado nombre o un ingrediente y siempre estará uniformemente escrito en toda esa traducción y en las que puedan venir después.

 Otra de las ventajas de utilizar un programa TAO para la traducción de libros es que con estos programas no se pierde nunca ni una sola línea. Por desgracia, nos resulta muy fácil saltarnos párrafos, líneas o incluso bloques enteros de texto cuando trabajamos con dos documentos Word enfrentados, sin contar con la traducción en "atril", que más de uno hemos practicado hace ya algunos (bastantes) años, y cuya consistencia terminológica estaba amorosamente asegurada por fichas de cartulina contenidas en viejas cajas de zapatos o en un folio de papel escrito a mano.

Al segmentar el trabajo por párrafos en lugar de por segmentos, podemos avanzar tranquilamente sin temor a que se nos despiste alguna línea. Nos servirá para trabajar en una única pantalla, en lugar de en dos paneles, y también, como he mencionado antes, para unificar la terminología al realizar búsquedas de concordancia en la memoria, que sigue almacenando nuestra traducción. Y repito: si tienes la suerte de que te encarguen, al mismo tiempo o sucesivamente, títulos de una misma serie (que están, por consiguiente, insertos en el mismo campo semántico), resulta ESTUPENDO haber realizado el esfuerzo inicial de localizar y preparar los repertorios bilingües y utilizar la herramienta CAT desde el principio. Esas raras ocasiones tienen su magia, porque en ellas el traductor se siente casi bien pagado, como cualquier otro profesional liberal.

Y, finalmente, unas de las grandes ventajas que descubrí en estas herramientas es cuando te encargan una traducción en maqueta. Puedes exportar un archivo idml de InDesign, por ejemplo, traducirlo en una herramienta TAO y, al finalizar, cuando procedemos a la conversión al formato de origen, vemos que el libro se maqueta solo −¡parece cosa de magia, porque conserva estilos, tipografías y cualquier otra característica que pudiera tener!−; ya solo faltan el ajuste y revisión final.

En definitiva, usar repetida, consistente y conscientemente una herramienta cualquiera de traducción asistida −que, por otra parte, van siendo progresivamente más parecidas entre sí, es decir, cada vez más parecidas a Trados, con lo cual la curva de aprendizaje de cualquiera de ellas se reduce una barbaridad− nos va a ayudar muchísimo en nuestro cometido profesional.

 

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Pilar TutorTutora de traducción
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