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08/08/2019

Por qué la traducción (humana) importa (II de V)

Por eso la traducción importa, y la industria de la traducción también. Desde el año 1996, en que entré en la licenciatura en Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada, una de las más veteranas y prestigiosas del país, las cosas han cambiado mucho. Muchísimo. Bien podría haber empezado a estudiar en 1896: cambió menos el oficio del traductor (no así el del intérprete) en ese siglo que en los quince años posteriores a mi graduación. Los estudios superiores de traducción en España tuvieron como objetivo inicial la formación de profesionales que se ocuparan del abundante trasvase de contenidos que venía produciéndose desde la entrada de España en organizaciones internacionales como la OTAN o la CEE; de ahí que las tres especializaciones que había entonces, al menos en Granada, fuesen traducción jurídico-económica, traducción científico-técnica e interpretación de conferencias.

Después llegaron Internet, las herramientas de traducción asistida, la localización de software, de videojuegos, de sitios web, la traducción audiovisual… El sector empezó a crecer y no ha parado. Globalización y nuevas tecnologías multiplican exponencialmente la cantidad de contenidos intercambiados entre los polisistemas culturales de que hablábamos antes: empresas, instituciones internacionales, ONG, ministerios de turismo, periódicos, clubes de fútbol y el Vaticano se internacionalizan y traducen a un sinnúmero de idiomas tanto los contenidos que describen sus productos y servicios como sus publicaciones en redes sociales. Por otro lado, se siguen diseñando aplicaciones como salchichas, sobre todo para dispositivos móviles, dirigidas a usuarios que potencialmente podrían hablar cualquier lengua del planeta. Estallan la industria del videojuego y las plataformas audiovisuales, y con ellos la traducción de subtítulos y de guiones de doblaje. Por si fuera poco, la industria editorial sigue, contra el pronóstico de algunos, expandiéndose y en algunos países no deja de crecer. Según Slator, la industria de la traducción movió en 2018 20616 millones de euros y se prevé que para 2021 esa cifra rebase los 25000 millones. Otras fuentes manejan cifras aún mayores, como GALA, que habla de 41245 millones de euros en 2018 y 49800 millones en 2021, y a estas cifras probablemente haya que añadir el valor de la traducción editorial.

Sigue sin equivocarse, tres décadas después, el periodista que, en un diario universitario que cogí saliendo del examen de griego de selectividad, en un aulario desangelado de la Universidad de Almería, en julio de 1995, decía que la profesión de traductor e intérprete estaría entre las más demandadas del futuro. Eso no ha cambiado. ¿O sí? Nos asalta la eterna pregunta: ¿tiene futuro nuestra profesión? ¿No estamos, como en otros muchos sectores laborales, abocados a ser sustituidos por robots?

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Autor

Miguel MarquésProfesor de traducción
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