05/05/2014

Más allá de la edición

Para los que aún no lo sabéis, en Cálamo y Cran ofrecemos servicios editoriales y de traducción a otras empresas. Llevamos a cabo muchos proyectos y contamos con un estupendo grupo de colaboradores (que siempre hay que decirlo). Rosa, una de nuestras editoras freelance, acaba de volver de una experiencia como voluntaria en Marruecos. A veces es difícil valorar lo que tenemos a nuestro alrededor. Ella ha querido compartir su experiencia con todos nosotros. Muchísimas gracias.

Estas son sus palabras:

He formado parte de un campo de trabajo en el Alto Atlas marroquí, junto a un grupo de personas de la Fundación Acción Geoda, en varias aldeas bereberes del valle del río Tessaout. No ha sido esta mi primera experiencia de voluntariado ni mi primer viaje a Marruecos, pero sí la que me ha dejado más conmovida.

El rey Mohamed VI ha prometido luz en todo el país, y yo he podido disfrutar de esa luz recién estrenada. El agua (y la leña para cocinar) sigue siendo tarea de mujeres y niñas, que la acarrean en un viaje tras otro desde un pequeño manantial hasta sus casas, subiendo, con unos zapatos rotos, por caminos de tierra y piedras. Azzarzane, una de estas aldeas, cuenta con agua desde hace unos meses gracias a este proyecto. Su rais (‘alcalde’) nos mostraba orgulloso y contento cómo salía agua del grifo instalado en la entrada de su casa. Con las aportaciones de todos los voluntarios que asistimos al campo de trabajo, se ha podido llevar un generador para bombear agua en Ifoulou, otra de las aldeas. Los hombres han cavado zanjas para pasar los tubos y ya se han comprado los contadores. En el próximo viaje no veremos a las niñas subir hasta sus casas con la espalda doblada por el peso de las garrafas.

La alfabetización de mujeres, el trabajo con los niños en edad infantil o la creación de un dispensario médico son otros proyectos en los que Acción Geoda trabaja. Esta población no tiene acceso al pescado (el coto de pesca del río Tessaout pertenece, inexplicablemente, a un francés) y el terreno es pobre en yodo, por lo que tratamos de mostrarles la importancia de que usen sal yodada para evitar así los numerosos casos de bocio y cretinismo que hay en la zona. Alguien puso en mi mano la mano de una niña de unos ocho años, que acababa de llegar desde otra localidad caminando bajo el sol, sudando y sin articular palabra, para que la llevara al consultorio abierto esos días por nuestra caravana médica. Al quitarse el pañuelo que le cubría la cabeza apareció el bocio, que no la dejaba respirar.

Hemos contado con un equipo fabuloso de traductores marroquíes, pues en el valle se habla tamazight y es difícil comunicarse. Me ha sorprendido su bondad (como la de todos por allí, algo sorprendente teniendo en cuenta la concepción que de estas personas tenemos en España), su buen hacer con nosotros y con la población bereber (más allá de la estricta labor de traducción) y su conocimiento de la lengua española y la actualidad de nuestro país. Nada más llegar, escuché de uno de ellos que me parecía a Ada Colau…

Muchas veces me pregunto el sentido de estos proyectos, la conveniencia o no de intervenir de esta forma tan directa. Creo que la labor es positiva en muchos de sus aspectos, y trabajar en un país como Marruecos no es fácil administrativamente. Pero es difícil, al menos para mí, saber dónde está el límite de nuestra actuación.

Rosa Iglesias. Editora freelance.

Autor

Patricia GómezDirectora de marketing
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