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11/11/2021

Las tarifas de los traductores especializados: Algunas orientaciones prácticas

A la hora de ofrecer nuestros servicios como traductores especializados, una de las cuestiones que más nos inquieta es la de calcular nuestros honorarios de una manera digna y razonable. A las cavilaciones propias de este aspecto tan relevante de nuestro trabajo, se une el secretismo que se percibe en torno a esta parte tan importante de la profesión del traductor. En este artículo, compartiré algunas reflexiones sobre los parámetros que hemos de tener en cuenta cuando recibimos un encargo de traducción con arreglo a la determinación de nuestros honorarios.

En primer lugar y aunque parezca muy obvio, es necesario elaborar un presupuesto. El presupuesto es un documento que debemos trabajar individualmente y que recoge una variedad de elementos que se han de utilizar para calcular los honorarios que propondremos a nuestro cliente. En este sentido, es conveniente distinguir dos presupuestos: nuestro documento personal y aquel que vamos a facilitar al cliente. El primero de ellos es un documento tan extenso como nosotros mismos queramos, en función del desglose de los elementos que afectan al encargo y a nuestra situación personal y profesional. Se trata de elaborar una herramienta de trabajo en la que integremos las variables que determinan el precio de nuestro trabajo. Al cliente que haya realizado el encargo, podemos facilitarle un presupuesto breve, en el que incluyamos los elementos más relevantes que hayamos tenido en cuenta para tarifar nuestro trabajo.

En este punto, es importantísimo que, con los datos que hemos elaborado en nuestro documento personal, podamos defender la tarifa propuesta a nuestro cliente. Esto es, si el cliente nos pide una explicación o desglose del presupuesto ofertado, debemos estar en disposición de facilitárselo y de poder explicar los elementos que hemos conjugado para ofrecer determinado precio por la ejecución de nuestros servicios de traducción especializada.

Para la elaboración del presupuesto –tanto el documento personal como el que facilitamos al cliente al recibir el encargo–, resulta muy recomendable tener en cuenta varios parámetros que afectan al precio que vamos a ofertar a nuestro cliente. A continuación se desglosan aquellos elementos que aparecen con mayor frecuencia a la hora de calcular nuestros honorarios.

  • Tipo de cliente: En este sentido, podemos trabajar para una agencia o para un cliente directo. En el primer caso, normalmente es la propia agencia la que fija el presupuesto, normalmente un precio por palabra. En caso de que nuestro cliente sea directamente la persona que va a recibir el encargo de traducción, es muy frecuente que el cliente nos pida el presupuesto y seamos nosotros quienes lo facilitemos. Con arreglo a este parámetro, es necesario tener en cuenta que podremos proponer una tarifa más alta cuando tratemos con un cliente directo, porque las agencias perciben una parte de nuestros honorarios en concepto de comisión. Por otro lado, existe una variable comercial: la agencia nos ofrece los clientes y nos ahorra tiempo buscando nuestros propios clientes directos, por lo que es lógico que cobre una retribución por ello.
  • Unidad de cálculo del presupuesto: Con relación a este aspecto, es frecuente calcular los honorarios con un precio por palabra. Sin embargo, existen documentos que cuentan con muy pocas palabras pero requieren un trabajo específico, como pueden ser los certificados o documentos administrativos. En este caso, se puede trabajar con una tarifa fija por tipo de documento. Con la práctica, podremos incluir cada vez más documentos en tarifa fija. Por ejemplo, si hemos traducido muchas capitulaciones matrimoniales en nuestra carrera profesional, cuando recibamos un documento de este tipo, en lugar de tarifar por palabras, podremos facilitar una tarifa fija por tipo de documento si así lo preferimos.
  • Complejidad del fondo del documento: Resulta indiscutible que las traducciones especializadas son más complejas que las traducciones no especializadas. Ello redunda en el precio de nuestro trabajo: las traducciones especializadas son más caras. Ahora bien, dentro de la especialización de la traducción, existen varios grados de complejidad. Por ejemplo, un documento transaccional con cláusulas convencionales resulta un documento sencillo de traducir. Sin embargo, la traducción de unas condiciones generales de un distribuidor de productos con especificaciones técnicas sería un documento de complejidad moderada y, en consecuencia, la tarifa base habría de modificarse al alza.
  • Complejidad de la forma del documento: Un buen traductor ha de manejar las herramientas informáticas con destreza. Sin embargo, no es lo mismo recibir un encargo de traducción en formato Word fácilmente editable que un documento escaneado que no pueda someterse a un reconocimiento de caracteres: la traducción será mucho más compleja en el segundo caso. Dentro de este aspecto, también debemos tener en cuenta el formato en el que el cliente desea su encargo. Por ejemplo, en la traducción de contratos, suele demandarse que la traducción se presente a doble columna texto origen – texto meta. Todo ello representa horas de trabajo que debemos tarificar de manera motivada.
  • Plazo de entrega: Sobre este aspecto, como firme defensora de la dignidad de la profesión, suelo recomendar que ofrezcamos plazos razonables. Este es uno de los aspectos que más pone en valor nuestro trabajo: una traducción especializada es un trabajo al que se ha de dedicar un tiempo determinado, casi una obra de artesanía. No obstante, existen situaciones excepcionales en las que nuestro cliente necesita determinado encargo con un tiempo de entrega ajustado. Para estos casos, podemos aplicar un recargo de urgencia sobre el presupuesto inicial. Sin embargo, por respeto a nuestro tiempo y a nuestra profesión, personalmente suelo dar plazos prudentes y relego las urgencias a la mínima expresión.

Existen más elementos que podemos conjugar a la hora de elaborar nuestra propuesta de servicios y, de hecho, debemos incluir aquellos que nos afectan de una manera personal. Por ejemplo, debemos tener en cuenta la distribución de nuestro tiempo, la agilidad de nuestras herramientas de trabajo y otras variables que puedan tener un impacto en nuestro trabajo. La prudencia y el respeto a la profesión siempre nos pueden ayudar a modular nuestros presupuestos y a defenderlos con respeto y rigor.

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Autor

Irene Nuviala Lapieza Profesora de Traducción jurídica, económica y de contratos
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