fbpx La comadora compulsiva | Cálamo y Cran
12/01/2022

La comadora compulsiva

Mari Tilde, ponme a dieta de comas, porque cada vez que escribo, las esparzo, aquí y allá, por pura ignorancia, hasta tal punto que, mis textos, atragantan que no veas. Ayúdame, con la operación bikini.

Comandanta

Ay, Comandanta, no sabes cuánto se me han atravesado tus comas al leer tu texto. ¡Son como espinas de salmonete! Necesitas esa dieta de inmediato. Toma nota.

La coma no sirve para respirar, que para eso tenemos los pulmones y que cada uno los use cuando le venga en gana. La coma sirve para separar un poco lo que tiene relación pero debe separarse por algún motivo. Si no hay nada que separar, no escribimos coma.

Por eso siempre está mal esa coma que separa el sujeto del verbo, ya que ambos están íntimamente unidos. Tú has escrito «mis textos, atragantan que no veas» y has separado al sujeto, «mis textos», del verbo «atragantan». Mal, Comandanta: coma derrochada.

No escribimos coma después de las locuciones «tanto que» o «tal… que» que introducen consecuencias. Por eso eliminamos tu hipercalórica coma de «hasta tal punto que, mis textos…» y la dejamos en «hasta tal punto que mis textos…». No olvides esto: «que» es aquí una conjunción. Como las conjunciones unen y las comas separan, unas y otras se anulan. Y si se anulan, ¿para qué usarlas juntas? Una coma menos, venga.

Ojito con las comas que escribes para separar los complementos. No hacen falta. Solo se necesitan, y no siempre, si son de la misma categoría. Tú me dices «Ayúdame, con la operación bikini» y «las esparzo, por pura ignorancia» con esa coma innecesaria entre el verbo y el complemento preposicional. Ahórratela, Comandanta querida.

Y deja para otro enunciado la coma que separa la oración principal de la subordinada causal. Sí, la que escribes en «ponme a dieta de comas, porque cada vez que escribo…». ¿Tanta falta te hace? ¡Si la causa está relacionadísima con la acción del verbo! No vengas tú a separarlas ahora…

Conclusión: a tu texto solo le hace falta una coma, la que aísla el vocativo. Mira qué tipín tiene: «Mari Tilde, ponme a dieta de comas porque cada vez que escribo las esparzo aquí y allá por pura ignorancia hasta tal punto que mis textos engordan que no veas. Ayúdame con la operación bikini». No me digas que no queda ideal.

 

Mari Tilde
Tu consultora ortográfico-sentimental de cabecera

 

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Autor

Cristina Planchuelo Profesora de comunicación escrita
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