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13/08/2019

Encontré mi pasión gracias a una hormiga roja

Desde pequeña, desde que tengo memoria, siempre quise ser veterinaria. Me encantaban los animales y siempre jugaba a que mis peluches estaban enfermos y yo los curaba. ¡Hasta les vendaba las patas! Cuando tenía 18 años seguía convencida de que ese iba a ser mi futuro, así que me matriculé en la facultad de veterinaria de Zaragoza. Os podéis imaginar mi desesperación cuando, años más tarde, después de esforzarme al máximo en prácticas y exámenes, descubrí que aquello no era para mí. Pese a ello, decidí terminar la carrera. Había invertido mucho tiempo y dinero como para dejarlo cuando me quedaba tan poco para llegar al final. Pero tenía claro que nunca le daría ningún uso a ese título más allá de enmarcarlo y colgarlo en la pared del salón.

Sinceramente, volví a Pamplona, mi ciudad natal, bastante desanimada, sin saber muy bien qué hacer a continuación. Me refugié en la lectura, los libros habían sido mis amigos desde que era una niña y siempre han estado allí para ayudarme o, al menos, para distraerme. Y entonces descubrí las novelas románticas. Esos libros, con un final feliz asegurado, se convirtieron en mi salvación en aquel momento. Decidí apuntarme también a un curso de escritura creativa (me había apasionado escribir desde que era una adolescente, pero lo había dejado de lado por diversas circunstancias). Disfruté y aprendí tanto en aquel curso que repetí el año siguiente.

Para entonces estaba leyendo varios libros por semana, la mayoría de ellos en inglés. Entonces fue cuando una de las editoriales en las que yo compraba muchos de esos libros publicó una convocatoria para novelas románticas ambientadas en diferentes países del mundo, novelas que solo podrían pasar en aquellos países. Y esta pamplonica pensó «¿Qué hay más único que los Sanfermines?» Les envié una propuesta, les gustó, y yo me lancé a escribir en inglés, sin flotador ni nada. Así nació mi primera novela, The Sun Still Rises (el guiño a Hemingway, por supuesto, era obligatorio), que se publicó por primera vez hace dos años y que acabo de reeditar para sacar una segunda edición en noviembre.

Con esa novella comenzó mi andadura como escritora. Desde entonces he publicado dos historias cortas, una novelette y otra novela. Las he escrito todas en inglés, y mi familia no dejaba de preguntarme para cuándo una traducción, que ellos también querían leerlas. Yo no tenía ni idea de traducción, la verdad, no sabía si me gustaría o si era algo que yo podría hacer, pero sentía curiosidad.

Empecé a buscar cosas sobre traducción online y una amiga traductora, me recomendó los cursos de Cálamo y Cran. Los ojos casi se me salieron de las órbitas cuando accedí a la página web y vi la amplia oferta de cursos. Al final me animé a empezar por el de Traducción literaria, por ver si me gustaba. Resulta que no solo me gustó, sino que me apasionó y me sentí por fin como si hubiera encontrado aquello que yo quería ser de mayor. No dejéis que nunca nadie os diga que es demasiado tarde, yo he encontrado mi pasión y mi futuro a los 31 años.

Desde entonces he cursado también el curso de Traducción profesional inglés español y he empezado a traducir profesionalmente, trabajando con dos de las editoriales con las que he publicado varias de mis historias en inglés. Además, voy a empezar en septiembre el curso de Corrección profesional y estoy contando los días para comenzarlo.

Y aunque no voy a decir (como diría aquel) que «yo he venido aquí a hablar de mi libro», sí que me gustaría hablaros de mi primera traducción, que se publicó este mismo mes de agosto y que ha sido tremendamente especial para mí. No solo porque es la primera, sino porque el libro significa muchísimo para mí personalmente y porque la acogida ha sido muy buena hasta el momento. Se trata del libro Cosas de espías, que puede encontrarse en versión digital en Amazon, y que he podido cumplir el sueño de traducir gracias a las enseñanzas de Cálamo y Cran.

Encontré mi pasión gracias a una hormiga roja, y gracias a esa misma hormiga puedo seguir formándome para ser cada día mejor en lo que hago. ¿Mi sueño? Poder dedicarme algún día exclusivamente a la traducción. Gracias a Cálamo y Cran es posible que se haga realidad.

Una alumna más que agradecida,
 

Laura Bailo

Autor

Patricia GómezDirectora de marketing
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