¿Recoge el diccionario de la RAE el término «cocreta»?

El Libro rojo de Cálamo y Cran

Cómo entender el diccionario de la RAE o ¡y dale con las cocretas!

Apreciada Mari Tilde, he perdido completamente la fe en la Real Academia Española pues un compañero de golf me ha contado con indignación, mientras nos tomábamos unas cañas después de hacer unos hoyos, que esta institución ha aceptado la palabra «cocreta». Me parece no solo una vulgaridad tremenda sino, sobre todo, una aberración imperdonable. ¿Tengo o no tengo razón?

Rufino Finolis

No tienes razón, soliviantado Rufino. Para empezar, porque la RAE no recoge la palabra cocreta. Quizás cierto exceso etílico os ha hecho mezclar, como en un agitado cóctel, las croquetas con las albóndigas, dos tapas deliciosas pero que, como sabrás, tienen distinta preparación y sabor. No te preocupes, esta es una confusión muy frecuente quizás debido a la tentadora redondez de ambos platos. Pero sí preocúpate por esa tendencia tuya a confiar en lo que te dicen en la barra de un bar, ya que deberías estar al tanto de que este el mejor escenario para la palabrería.

Vamos con las cocretas. Lo que tu amigo quería decir con su desnortada indignación es que el Diccionario de la Real Academia Española recoge la palabra almóndiga que, dicho sea de paso, la propia institución califica de vulgar y en desuso. Quizás te guste saber que esa m que tanto se repudia en ambientes cultos es una delicia en Portugal y en Cataluña, donde se cocinan, respectivamente, almôndegas y mandonguilles.

¿Y por qué la inadecuada almóndiga se ha merecido un puesto en el diccionario de la RAE, Rufino querido? Muy fácil: porque es un término que se usa desde el siglo XVIII.

Y es que este manual de consulta no es un libro de las palabras bien dichas o bien escritas; también se hace cargo de aquellas que circulan por nuestra lengua y que, aunque resulten vulgares o casi nadie las use, es preciso entender. ¿Por qué, si no, podemos consultar en sus páginas vocablos tan chocantes como cuantimás, vagamundo o esparramar? Pues porque hay quienes los usan, y ya sabemos que la lengua es de los hablantes y no solo de las personas instruidas. Por esa misma razón utilizamos, y hacemos bien, palabras que no aparecen en el diccionario, al estilo de putivuelta, tardeo, usabilidad o transfobia con las que nos entendemos divinamente, que para eso está la lengua.

4 diccionarios para tener a mano

O sea que si queremos hablar o escribir correctamente, sea eso lo que sea –que ni yo lo sé bien–, no debemos tener como única referencia el Diccionario de la Lengua Española. Hay otros igualmente oficiales, entre los que se encuentran mis cuatro favoritos:

  • Diccionario del uso del español de la grandísima María Moliner
  • Diccionario ideológico del académico Julio Casares
  • Diccionario del español actual del también académico Manuel Seco
  • Diccionario de usos y dudas del español actual del, entre otras muchas cosas, lexicógrafo José Martínez de Sousa

Así que tendrás que quedar otra vez con tu mal informado amigo y, entre hoyo y hoyo o caña y caña, explicarle la diferencia entre las cocretas y las almóndigas. Yo diría que está en la bechamel…

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