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17/10/2016

Cómo un curso puede dibujar tu camino

(Clara) Un día en la Facultad de Filosofía y Letras la UAM, me dieron un panfleto de un curso de grafología, cosa que siempre había querido hacer ─y que nada tiene que ver con esto─. Llegué a clase y lo dejé en la mesa. Mi compañera y amiga Inés lo vio y ella fue quien al final terminó por hacer el curso. Ahí fue donde comenzó nuestra maldición. Al año siguiente, yo, que ya estaba haciendo prácticas en una editorial, decidí hacer el curso de Corrección de estilo de CÁLAMO&CRAN, cosa que comenté con mis compañeros de Filología Hispánica mientras tomábamos un café. La profecía volvió a cumplirse y esta vez las dos acabaríamos sentadas frente a Diego Ibáñez y portando un archivador decorado con una hormiga roja.

(Inés) La mayoría de esas tardes eran de lluvia y yo me guardaba el archivador dentro del abrigo para que no se mojara. Fue a lo largo de esas tardes cuando me di cuenta de que esto me gustaba cada vez más: yo siempre había sido una amante de la lengua y un tanto perfeccionista en estas cuestiones (rozando casi la pejiguería, no nos vamos a engañar), y poder volcar todas estas cualidades en mi trabajo me pareció la mejor de las ideas. Fue así que, tras terminar el curso de Corrección de estilo, no tardé en comenzar el de Corrección profesional: en CÁLAMO&CRAN había encontrado mi camino.  

(Clara) A todo esto, entre unas cosas y otras, se nos pasaron los cuatro años de carrera. Inés ya era correctora, grafóloga y filóloga. A mí me faltaba un paso más. Yo encontré mi vocación saliendo de España: cuando hice mi Erasmus en Reino Unido descubrí que no había nada mejor para un amante de nuestra lengua que intentar transformar un texto inglés, con toda su carga cultural, en uno español. Hay que ser muy artista.  Así que, en cuanto me gradué, me fui allá de nuevo para formarme en traducción, lo que me aportó los conocimientos y la seguridad que me faltaban.

(Inés) Mientras Clara estaba todavía con su máster, a mí ya me rondaba por la cabeza la idea de dedicarme profesionalmente a la corrección, montando una empresa que ofreciera los servicios de corrección y traducción de textos. Nadie mejor que Clara, que, además de ser correctora y traductora, contaba con toda mi confianza en el ámbito laboral, para compartir esta aventura. Así que decidí proponérselo y ponernos manos a la obra.

(Clara) Y así nació Letropía. Después de que Inés se pasara noches en vela intentando elegir un nombre que nos definiera, y después de que yo me hartara de visitar a la Agencia Tributaria y otros organismos oficiales, pudimos empezar a trabajar. Ahora llevamos ya un año en este proyecto, y, aunque al principio lo compaginábamos con otros quehaceres, ha llegado el momento de entregarse por completo. CÁLAMO&CRAN nos sigue ofreciendo posibilidades de crecer y llevar mejor nuestro negocio con cursos como el de Gestión de proyectos de traducción. En este mundo siempre se pueden aprender más y más cosas enfocadas a diferentes géneros y tipos de cliente.

(Inés) Hay que decir que, por supuesto, llegar hasta este punto no ha sido fácil. Como la hormiguita de Cálamo, hemos tenido que trabajar mucho y muy duro para hacernos ver y poder trabajar en lo que nos gusta. Sin embargo, la satisfacción de ver cómo tu pequeño proyecto va creciendo y que los clientes con los que hemos trabajado vuelven y siguen confiando en nosotras es enorme. Así que, desde Letropía, animamos a los emprendedores: con esfuerzo y cariño en tu trabajo, todo es posible. Si quieres ver cómo lo hacemos nosotros, échanos un vistazo en www.letropia.net.

Uno nunca sabe cómo un panfleto puede cambiarle la vida.

 

Inés de la Higuera & Clara Criado
Fundadoras de Letropía Corrección y Traducción

 

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