Cómo escribir el gerundio (bien)

El Libro rojo de Cálamo y Cran

¿Escribes oraciones muy largas y no sabes cómo evitarlo? ¿Aburres hasta a las ovejas con tus textos rimbombantes? Seguro que Mar Tilde, con su infinita sabiduría, puede ayudarte a aligerarlos.

Las consecuencias del gerundio inconsecuente

 

Mari Tilde querida:
Disfruto mucho de tus enseñanzas divirtiéndome una barbaridad con cada una de ellas. El caso es que, no necesitando tus lecciones, pues fui un alumno ejemplar durante mi esmerada escolarización siendo Literatura mi asignatura favorita, sacando sobresaliente al final de curso, tu desparpajo siempre me arranca alguna sonrisa alegrándome el día. Solo quería comunicártelo esperando que te resulten agradables mis palabras.
Jerónimo Gerúndez

Jerónimo, eres muy amable. Pero agradables agradables… tus palabras no me resultan. Más bien me ponen un poquito nerviosa ya que usas demasiados gerundios. No quiero parecer antipática, querido Gerúndez, pero tu escritura es algo pomposa.
Deja que te explique.

Los gerundios sirven sobre todo para contar que dos o más acciones transcurren a la vez o casi, pero no que una es posterior a otra. Por eso decimos: Me desperté riendo, Empujando con fuerza abrió la puerta y Él, vocalizando, se hizo entender.

Como ves, el gerundio suele contarnos cómo se produce la acción principal del verbo conjugado; actúa como complemento circunstancial de modo. Esta pista es importante para saber si lo estás utilizando bien. En tu caso, y mira que lo lamento, muy pocos de los que has incluido en tu texto cumplen esa función.

La razón es que has escrito gerundios de consecuencia que, si bien la RAE no los considera erróneos, son una falta de estilo. Tú cuentas «Disfruto mucho de tus enseñanzas divirtiéndome una barbaridad» y también «Tu desparpajo siempre me arranca alguna sonrisa alegrándome el día». De este modo, esos gerundios que indican una consecuencia dan a lo que dices un aire pomposo y arcaizante muy poco atractivo. Habría sido mejor algo más ligero, como Disfruto mucho de tus enseñanzas, que me divierten una barbaridad y Tu desparpajo siempre me arranca alguna sonrisa y me alegra el día. ¿No lo ves más acorde con la simpatía de tu mensaje?

Tampoco mejora mucho tu estilo ese gerundio causal, correcto pero poco sencillo, que plantas en tu texto como si tal cosa: «No necesitando tus lecciones…». Una conjunción concesiva habría mejorado mucho tu prosa: Aunque no necesito tus lecciones…

Es correcto pero poco elegante, y no lo digo yo sino la RAE, el gerundio partitivo que usas al escribir «fui un alumno ejemplar durante mi esmerada escolarización siendo Literatura mi asignatura favorita». Echas mano de esa forma verbal impersonal para hablar de una parte de algo. Olvidas lo bonito que queda evitar el gerundio y separar las oraciones mediante un punto o una coma. Así: Fui un alumno ejemplar durante mi esmerada escolarización. Literatura era mi asignatura favorita.

Y este sí que está mal. Un gerundio de posterioridad tan feo como los otros pero, además, detestado por la RAE y por mí: «Sacando sobresaliente al final de curso». Porque lo que se hace al final no se hace durante, o sea que el gerundio no viene a cuento.

Y no digo nada acerca de «Solo quería comunicártelo esperando que te resulten alegres mis palabras» porque es correcto. Pero después del empacho de gerundios al que me has sometido, este último hace que me entren unas enormes ganas de vomitar.

Ay, amable Jerónimo, la consecuencia de tu afición a los gerundios, correctos o incorrectos, es que provocas oraciones tan largas y pesadas que quitan el deseo de leerte. No confundas lo rimbombante con lo culto, la cosa no va por ahí.

Conclusión: no solo de ortografía vive la escritura. El estilo es un elemento importantísimo para conseguir ritmo y belleza y facilitar la comunicación. Y los gerundios son cansinos y nada estilosos. Para no equivocarte, úsalos solo cuando expreses dos acciones simultáneas o casi. Como yo ahora, que te escribo tomándome una manzanilla para digerir mejor tu pesado texto.

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