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05/05/2022

4 motivos por los que no merece la pena (casi nunca) aplicar tarifas demasiado bajas

Hablar de tarifas de forma concreta es muy difícil. Las circunstancias personales de cada uno y las variables de cada proyecto hacen complicado concretar este tema a un rango específico. Eso sí, estamos de acuerdo en que la rentabilidad de cada proyecto tiene que ser calculada de forma particular y meticulosa.

Hay factores objetivos que pueden influir en la aplicación de un precio: urgencia, volumen, dificultad… pero también hay otros subjetivos que tendremos en cuenta: disponibilidad actual, interés en la temática o en el cliente…

Es importante definir nuestro umbral: la tarifa mínima por debajo de la que nunca vamos a trabajar porque consideramos que sería regalar nuestro trabajo.

Intentar conseguir o retener a un cliente con una tarifa demasiado baja es un error.

Estos son, en mi opinión, los motivos principales:

  1. Una vez que le das una tarifa muy baja a un cliente, aspirar a subirla algún día es una labor digna del mismísimo Hércules (¿te cuento un secreto que ya sabes? NO VA A PASAR).
  2. Si aceptas solo este tipo de clientes, toda tu jornada laboral será poco rentable y te será difícil cumplir tus sueños vitales o, directamente, tendrás problemas para llegar a fin de mes (no es que aspires a tener un yate con el nombre de tu madre, pero vivir con dignidad y darse algún caprichito estaría bien después de todo).
  3. No podrás realizar nunca un trabajo profesional del que puedas sentirte orgulloso/a. Tenemos una profesión maravillosa que nos permite realizarnos de mil formas, ¿de verdad quieres quemarte con proyectos que no merecen la pena?
  4. Lo más importante: el tiempo y esfuerzo invertidos en un proyecto no rentable puedes dedicarlos a encontrar otros proyectos mejor pagados y, sobre todo, a clientes dispuestos a valorar adecuadamente tu trabajo.

Sabemos que los primeros pasos son siempre los más difíciles. Son los más inseguros, inexpertos e impulsivos. Cuando iniciamos nuestra andadura profesional es probable que el deseo de trabajar nos nuble y no nos deje ver que ese primer contacto que nos llega, ese adorado primer cliente puede ser, en realidad, una trampa. Recuerda estos motivos antes de enviar tu presupuesto.



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Autor

Celia Martín Socia-Directora
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